miércoles, 12 de agosto de 2020

Tres resoplidos estivales

Para María del Mar; ella sabe bien por qué

... 

1. Quienes me conocen bien saben que tiendo a ver la botella medio vacía. Cuando en pleno confinamiento se difundía el ritornelo happy flower que aventuraba un cambio para mejor en las mentalidades y el espíritu humanos, yo, desde mi pesimista atalaya, no podía evitar que el líquido menguase en la susodicha botella. Y hoy, en este agosto del año maldito de 2020, me reafirmo: la especie a la que pertenezco lleva el gen de la autodestrucción. "Saldremos mejores", "Seremos más solidarios". Pues no: hemos salido blandiendo aquello de "Sálvese quien pueda", o esto otro: "Me importan un bledo los demás". Por eso este virus apocalíptico subsiste, porque cada día lo alimentamos con nuestras células malignas.

2.  La pandemia también ha alterado las células léxicas. Los políticos y los periodistas, desde una ignorancia y una estulticia que parecen ser marca de oficio, nos han asaeteado con dardos (¡ay!, si Lázaro Carreter levantara la cabeza) como "nueva normalidad", "desescalada", "distanciamiento social". Aquí ha quedado eso, para uso y repetición de la ciudadanía adocenada. Esta crisis sanitaria, social y política ha venido a confirmar nuestra naturaleza gregaria, apacentada por las redes sociales y los aplausos vespertinos.

3. Otras de las memeces que ha iluminado el cielo de los fuegos artificiales ha sido la de que muchos de los fallecidos tenían patologías previas, por lo que no se morían por el maldito virus, sino a consecuencia de esas patologías. Como si el bicho fuese un simple acompañante en el último trecho. Pues no, mire usted: la gente no se muere con el coronavirus, se muere por el cononavirus. La filología sirve para saber qué cosa es el complemento agente (políticos y periodistas habrá, salidos de la LOGSE, que busquen en Wikipedia quién es el tal y misterioso fulano). ¿Hubieran fallecido de esas patologías previas si el virus no las hubiese potenciado hasta el exterminio? En muchos casos posiblemente no; al menos no en ese momento. Se entenderá mejor lo que pretendo decir con una imagen. En el borde mismo de un acantilado hay una persona contemplando la inmensidad del mar. El riesgo de caída es indudable, pero esa posición per se no basta para que se precipite. He aquí que aparece alguien por detrás y... ¿Qué o quién es el responsable de la muerte? ¿La situación de riesgo en que se encontraba el ahora fallecido o el repentino agresor, trasunto aquí del covid19?

...

A modo de desahogo final

Frente al mar del descanso escucho a Caetano Veloso. La voz undosa del brasileño mece "La barca", la hermosa canción que compusiera Roberto Cantoral. Por un momento veo la botella algo más llena. Y se me antoja una cerveza.