viernes, 25 de octubre de 2019

Estampas romanas (18): el caos y las aves

La vida de los humanos no puede sustraerse a las fuerzas de la entropía. Pero el caos no es la meta inexorable, sino nuestra propia condición. Sin embargo, los animales y los objetos tienden a la armonía. Solo así se explica que una gaviota escoja para su descanso, de entre todos los monumentos de Roma, la cabeza de un tritón a las órdenes de Neptuno en la piazza del Popolo. De un mar celeste a otro marmóreo, y al fondo, la cruz que corona el obelisco flaminio. Lo pagano y lo cristiano hermanados en el reposo de una gaviota. 
Mas he aquí que otro pájaro urbano, la paloma, símbolo trinitario, exhibe el feliz arrullo con la cúpula de San Pietro cerrando esta panorámica desde el parque Savello. Cierto que no es paloma blanca, porque de serlo, ¿se le permitiría tal arrullo? 
Más tolerancia merece el ganso sagrado de Juno, sin duda en pago a su patriotismo. Por haber alertado a los romanos con sus graznidos de la invasión gala que amenazaba el Capitolio en el año 386 a. C., al plumífero se le permite cierto devaneo con la diosa, amorosamente tendida en esta fuente esquinera entre via delle Quattro fontane y via del Quirinale. 
Armonía frente al caos, que ruge endemoniado delante de las cuatro bellas fuentes. Silencio frente al estrépito y el vocerío que hemos creado alrededor de nosotros.




No hay comentarios: