domingo, 20 de octubre de 2019

Estampas romanas (16): gloria sobre gloria

Santa Barbara dei Librari
Poco o nada sería la Roma cristiana y devota, depositaria de las llaves del cielo, sin la Roma pagana y hedonista. Porque la gloria mundi de la segunda sustenta la gloria coeli de la primera. Sobre antiguos solares paganos se alzan basílicas e iglesias: Santa Barbara dei Librari ocupa el hemiciclo de antiguo teatro de Pompeyo; Santa Maria la Maggiore puso planta sobre un templo de Cibeles; San Cosma e Damiano se extiende en el espacio de dos templos, uno consagrado a la diosa Paz y otro a Rómulo... La tierra sagrada cambia de manos y, por ende, de destinatarios divinos. Así prosperan las religiones, sobre los despojos de otras. 
Pero, por fortuna, siempre hay un eco del pasado que regresa reverberando en las piedras, en las catacumbas, en las cloacas. Bajo los sampietrini, el gastado adoquinado de las calles del centro, pugnan por dejarse oír las voces de entonces. Y he aquí que la invitación dionisíaca, el goce de la vida con el amor y el vino, brota donde menos se espera: en el cementerio del Verano. El descanso eterno de un cristiano que lanza así un doble mensaje: "Lo disfruté mientras pude; ahora, disfrutadlo vosotros mientras os quede aliento". Qué feliz despedida entre amorcillos domadores de leones (ay, la fuerza del amor) y ménades de seductor delirio. De los muchos monumentos marmóreos que reúne este cementerio (pequeños templos neoclásicos, fachadas de iglesias góticas, estatuas colosales...), me quedo con este sarcófago que reproduce el que se conserva en los Museos Vaticanos. Si hay que irse, mejor al son de una procesión pagana. 


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