lunes, 30 de septiembre de 2019

Estampas romanas (10): la memoria del Tíber

Ponte di Sisto
Las ciudades surcadas por ríos adquieren un timbre de nobleza especial, además de una belleza que cautiva. No es mérito de las aguas fluyentes, sino del acierto con el que se hayan construido y distribuido sus puentes, la armonía con la que las riberas y los muelles acaricien ese flujo a menudo díscolo e ingrato y, de manera especial, el cómputo de las almas sumergidas en batallas y crímenes sin cuento. A su paso por el centro de la ciudad, el Tíber es un fiume turbio y sporco en algunas zonas, pero su solo nombre dispara las evocaciones. Navegaron por sus aguas, por ejemplo, los infantes expósitos Rómulo y Remo, mientras que otros más desdichados perecieron en ellas, como Horacio Cocles (si hemos de dar crédito a Polibio), los mártires Simplicio y Faustino y el emperador Majencio. Cuál no sería el índice de ahogamientos, que en el siglo XVI se creó la Hermandad de Santa Maria dell'Orazione e Morte con el noble propósito de dar sepultura a los ahogados y a los caídos por las armas. Hoy puede visitarse su iglesia homónima en via Giulia, en el rione Regola, y admira ver cómo acoge símbolos mortuorios tan siniestros. 
Limosnero de Sta. Maria dell'Orazione e Morte.
Fuente: viaggiverdeacido.com
Así pues, los ríos tienen memoria y de vez en cuando nos arrojan un signo que requiere respuestas. Solo a los ciegos y a los ignorantes puede pasar desapercibido. Como esta quilla volteada que ha arrastrado el Tíber hasta los pilares del ponte Vittorio Emanuele. Quién sabe cuántos perecieron en el naufragio. Quién sabe de qué batalla es despojo. 
Pero una cosa es segura:  como el memento mori del limosnero de la iglesia, con ella el río nos previene de la fragilidad de la vida humana frente a la fuerza inconmensurable de la naturaleza. 





domingo, 29 de septiembre de 2019

Estampas romanas (9): Rosalba Campra en Fahrenheit 451

A menudo la hojarasca macilenta oculta las raíces vigorosas. A menudo el hallazgo de una perla recompensa la dura briega con la marejada. En medio del estropicio turístico en el que se ha convertido Campo de' Fiori, una de las más bellas plazas de Roma, todavía es posible encontrar una flor de extraordinaria frescura: la librería Fahrenheit 451. Frente a las hordas extranjeras que creen haber hallado la romanidad en las tres P (pizza, pasta, panini), la resistencia de Catia, su propietaria, merece un monumento en la plaza, al menos para contrarrestar con una hazaña esperanzadora el triste final de Giordano Bruno, cada vez más cabizbajo en su pedestal. 
En una estancia interna de la librería, adonde no llegaban, milagrosamente, ni los ruidos ni el griterío de la multitud, una veintena de personas entre italianos argentinos, chilenos y españoles pudimos disfrutar en la serata de ayer de la presentación de Sommario. Introducido el acto por el poeta chileno Antonio Arévalo, se dejó ver que el bello librito es otro magnífico ejemplo del maridaje ya antiguo entre la poesía y la imagen (ut pictura poesis), fruto del trabajo conjunto de dos argentinos afincados en Roma: la narradora y poeta Rosalba Campra y el artista Sergio Pallone. 
Si Campra compuso en Resumen (título del original español) hermosos versos que son pinceladas sobre la ausencia, la infancia, el amor... (en suma, el tiempo y sus estragos), Pallone ha realizado una doble traducción: la palabra española en palabra italiana y ambas en grabados. El resultado, una joya presentada en frasco pequeño, como las esencias excelentes. Y el envoltorio del acto no podría haber sido mejor: Fahrenheit 451, que hubiera hecho las delicias del duo Bradbury-Truffaut. Porque aquí los libros desprenden un confortable calor pero no arden, por más que las cenizas de Giordano Bruno sean aventadas en estos tiempos por el fuelle de la intolerancia. 
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Tornando da scuola
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Tornando da scuola, immaginare
il mare remoto, immaginare
sulla sabia azurra appena lavata
l'ombra di un volo.


(R. Campra, Sommario, p, 13)

jueves, 26 de septiembre de 2019

Estampas romanas (8): luces y sombras

No es Roma una ciudad bien iluminada por la noche. Más allá de los monumentos y edificios emblemáticos (como el Castel Sant'Angel0), que lucen para arrobo de los turistas, a poco que te alejes un par de vías, no hallarás luz suficiente ni siquiera para leer tus pensamientos. Y los pensamientos se agolpan precisamente entrada la noche, cuando el tráfico reduce su ensordecedor tronido. En la Urbe antigua los señores debían salir de noche acompañados de esclavos que iluminaban su paso con antorchas. ¿Disuadían así a los ladrones apostados en los callejones, hoy vicoli? Dentro y fuera del Vaticano, fortaleza vicaria del Cielo, los ángeles que coronan los puentes, los monumentos, las fachadas y las iglesias son los encargados de llevar algo de luz celestial a los humanos. Como este bellísimo Angelo della Luce que el napolitano Ernesto Lamagna esculpió con motivo del Jubileo de 2000, y que puede disfrutarse en la basílica Santa Maria dei Angeli e dei Martiri. 
Angelo della luce, de Ernesto Lamagna
Pero, ay, tan generoso derroche de luz tiene sus consecuencias, y a veces los ángeles necesitan la ayuda de los hombres para recargar su aura divina. Resignación y paciencia son las virtudes de este angelo que flanquea la entrada norte del puente de Vittorio Enmanuel II.
Ángel en el puente Vittorio Enmanuel II

martes, 24 de septiembre de 2019

Estampas romanas (7): vestir y desvestir santos

Cuánto enriquecen los contrastes, el mestizaje, la comunidad de contrarios. Virginia Raggi, alcaldesa de Roma, presentó en el mes de julio un plan experimental de reciclado de botellas de plástico que ya está consolidado en Finlandia o Alemania. Consiste en una simpática máquina que se traga las botellas y las reduce a polvo a cambio de un premio para el usuario: por cada treinta botellas, el artilugio expide un billete simple de transporte de la compañía ATAC, válido para el metro, el bus, el tranvía y algunos trenes de cercanía. La iniciativa funciona, a juzgar por la cola de usuarios con grandes bolsas que pude ver el pasado fin de semana en la estación del metro de Cipro. La alcaldesa y su equipo se dan golpes de pecho y esperan medallas. Hay que decir, en pro de eso que llaman pomposamente Desarrollo Sostenible, que en casi todos los supermercados ofrecen bolsas de plástico reciclable y en los mercados de abastos la fruta ya va servida en bolsas de papel. (Otro contraste de la agresiva guerra contra el plástico: si este contamina más, el abuso del papel agrava la deforestación). Pero como todo anverso tiene su reverso, hete aquí que la ciudad muestra la cara del agravio ecológico con uno de sus bienes más preciados: el agua potable. Buena como pocas que he bebido, el agua se entrega con dispendio a los ciudadanos y extranjeros mediante cientos de fontanelle (o nasoni) públicas. Se agradece este alivio de los calores transeúntes, pero es difícil aceptar que el agua fluya día y noche sin descanso para perderse por los sumideros subterráneos. 

Es un viejo tema de debate en la ciudad que ya agitó las aguas políticas en los años 80 del siglo pasado, y a poco que se indague en la Red, se aprecia el tono encendido de partidarios y detractores ante la posibilidad de instalar un grifo en las fuentes. Abrir y cerrar el chorro después de beber. Algo tan básico. Que si la presión hídrica disminuiría, que si el agua, al no correr, saldría caliente; que ese manar continuo es signo de identidad de la Ciudad Eterna... Ay, qué disparate colosal (y África tan cerca). Pero así es Roma, donde lo pagano y lo cristiano  conviven en un equilibrio secular. Solo aquí podría decirse con propiedad que en materia de desarrollo sostenible es posible vestir a un santo desnudando a otro.  

domingo, 22 de septiembre de 2019

Estampas romanas (6): ¡ay!, la dignidad la poesía

Regalo del Olimpo por la mano generosa de las Musas, la poesía fue en la Antigüedad clásica una vía de comunicación directa con la divinidad. Eso sí, solo a unos pocos elegidos les fue dado experimentar tal trance. La dignidad de la poesía fue, además, motivo de enmarañados debates en nuestro Siglo de Oro. Que la poesía puede no ser cosa de este mundo es un pensamiento que ronda de vez en cuando, y por eso sigue recibiendo homenajes y recordatorios aquí y acullá. En Roma la via dei Cappellari ha sido retitulada via della Poesia. Al parecer la idea partió de Mario dal Mare, el artista dell'Economia Poetica, con el propósito de crear quioscos y foros abiertos a los artistas, donde los poetas, noveles y curtidos, conocidos y desconocidos pudieran dejar sus obras y renovar así la tradición de las estatuas parlantes de Roma. No es casualidad que en el nº 30 de esta calle una placa recuerde que allí nació el poeta, dramaturgo y libretista Pietro Trapassi (1698-1972), más conocido como Metastasio. Loable iniciativa la de Mario dal Mare, sobre todo porque el tiempo se ha encargado de mostrarnos una imagen de la poesía que no va descaminada: el flirteo con la bebida y con el sexo. Aunque sea de esta forma tan grosera, solo aliviada por el toque sesentero del motocarro blu.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Estampas romanas (5): todo de algodón

Visto así, parece tan blando por fuera, que se diría todo de algodón. O de delicioso gelato, por cómo reluce. No, no es una pieza de coleccionable vintage, ni forma parte de una maqueta elaborada con primor. Está aparcado en una calle, sobre hojas tempranamente caducas. Tal es la bondad que emana, que es imposible imaginarlo como una amenaza para el desprotegido peatón. Pero no nos engañemos. En Roma no hay piedad para el transeúnte. Uno tiene la sensación de ser carne de atropello desde que pisa esta ciudad. Los pasos de cebra y los pasos con semáforo en verde para el viandante tienen el mismo valor: cero al cuadrado. Constituyen una grave molestia para los conductores de coches y motocicletas, que a toda costa evitan pararse. No siempre son prisas; a menudo se trata de imponer la ley del volumen, de la maquina poderosa, escape en ristre, porque en un vado ha de cruzar primero el más fuerte. Recuerdo que en París me llamaba la atención que la gente cruzara los grandes bulevares por cualquier lugar, sin esperar al menos (como hacemos en España) a que los semáforos cercanos impidiesen el paso de los vehículos. Si aquello era osadía, cruzar una calle en Roma es hoy el verdadero peligro para los caminantes.  

lunes, 16 de septiembre de 2019

Estampas romanas (4): de columnas heroicas y muertos

Las imágenes mantienen un sutil vínculo entre sí que trasciende el espacio y el tiempo. La columna de Trajano, erigida para celebrar las victorias romanas sobre los dacios, es otro de esos empeños verticales con los que los humanos buscan aproximarse a los dioses. Obeliscos, columnas, mausoleos... El cielo como meta espiritual. Poder contemplar el bajo relieve en espiral que recorre la columna es uno de los regalos impagables de Roma. Pero he aquí que las escenas multitudinarias de las batallas esculpidas me traen a la memoria un relieve parisino: el de las almas sufrientes de la Puerta de Infierno de Rodin. Entonces surge el vínculo sutil al que me refería. Porque si esas almas que sufren en la puerta miran de cerca a sus hermanas del infierno dantesco, tan apiñadas en las estancias como los dacios y los romanos de la columna, el Hades fue también la definitiva morada inmediata de muchos de estos guerreros. Tal vez algunos alzaron su rostro desdichado al paso solemne de Dante y su maestro Virgilio. De este modo la columna adquiere un sentido escatológico. Estamos contemplando la antesala del infierno.

domingo, 15 de septiembre de 2019

Estampas romanas (3): el silencio trinitario

No es Roma una ciudad precisamente silenciosa. Como sucede en otras urbes capitalinas, el tráfico infiernal se ha adueñado de las calles. Eso sí, quizá sea la única ciudad del mundo en la que las campanas de las incontables iglesias alzan su reclamo cristiano por encima del clamorío motorizado, recordando varias veces al día que las cosas de este mundo no pueden competir con la música celestial. Pero también en Roma hay rincones en los que el silencio ha enraízado. El silencio que, como un aura de santidad, desprende esta trinitaria estampa. Con qué rapidez los humanos nos convertimos a la religión de la tecnología y abrazamos nuevos misterios; con qué frivolidad nos desprendemos de la piel de los viejos hábitos para embutirnos en una piel nueva, a los ojos brillante y prometedora. En el camino vamos dejando amputados los miembros que un día nos sirvieron callada y fielmente. Cuántos de nosotros hemos reído y llorado con estos artilugios, ya apretara la canícula o se desbaratara el cielo en torrencial diluvio. Cuántas confidencias y secretos guardan, confesados de espaldas al mundo. Este rincón de Roma nos recuerda que una vez tuvimos un bien preciado: la intimidad.   
[Dos días después de publicar esta entrada me encuentro esta otra perla en via Emilio Faà di Bruno. Más moderna sin duda que las anteriores, pues es apta para minusválidos]. 

sábado, 14 de septiembre de 2019

Estampas romanas (2): las aguas inquietas

La flecha corta el aire algo por encima de mi cabeza. Hasta ahí llegaron las aguas del Tíber en esta crecida memorable. Estamos en el nº 16 de la via del Banco di Santo Spirito, no muy lejos del Castel Sant'Angelo. Estas placas asoman en muchas ciudades fluviales y en alguna que otra marítima: en Sevilla se señala una crecida al comienzo de la calle Betis, París vivió en 1910 el gran desbordamiento del Sena y en Cádiz, en la calle la Palma, todavía hoy se dan gracias a la Virgen homónima por haber frenado a los pies de su templo las aguas epigonales del maremoto de Lisboa de 1755. Precisamente en estos días septembrinos las aguas del Segura campan a sus anchas por tierras y pueblos de Murcia. Las aguas son inquietas por naturaleza, mortíferas a veces. De poco sirven tuberías y diques, de poco la ilusión de las murallas. El Tíber serpentea ahora por Roma con poco caudal porque los ríos, como el mar, también dormitan. Quién sabe con qué victorias catastróficas sueñan.  

jueves, 12 de septiembre de 2019

Estampas romanas (1): el peligro en los versos

Roma sigue siendo un peligro para caminantes. No sé qué pensaría ahora Rafael Alberti de la Urbe, décadas después de la publicación de su poemario (1968). ¿Se vería acechado, procurado, demandado, poseído y preso como entonces? Las ciudades son animales multiformes y cambiantes, espacios de luz y sombra, donde los jardines soleados, promesas de giorni felices, hunden sus raíces en cavernas inmundas, antesala del Hades.
El problema de Roma es que te atrapa, sí, pero nunca sabes cuáles son sus intenciones. Ahora, sobre la via Andrea Doria, donde vivo temporalmente, cae una luz engañosa, luz de derribo celeste, y suena una canción oculta en los cortili. Desde algunas calles más allá me llegan cantos de sirenas.