miércoles, 18 de septiembre de 2019

Estampas romanas (5): todo de algodón

Visto así, parece tan blando por fuera, que se diría todo de algodón. O de delicioso gelato, por cómo reluce. No, no es una pieza de coleccionable vintage, ni forma parte de una maqueta elaborada con primor. Está aparcado en una calle, sobre hojas tempranamente caducas. Tal es la bondad que emana, que es imposible imaginarlo como una amenaza para el desprotegido peatón. Pero no nos engañemos. En Roma no hay piedad para el transeúnte. Uno tiene la sensación de ser carne de atropello desde que pisa esta ciudad. Los pasos de cebra y los pasos con semáforo en verde para el viandante tienen el mismo valor: cero al cuadrado. Constituyen una grave molestia para los conductores de coches y motocicletas, que a toda costa evitan pararse. No siempre son prisas; a menudo se trata de imponer la ley del volumen, de la maquina poderosa, escape en ristre, porque en un vado ha de cruzar primero el más fuerte. Recuerdo que en París me llamaba la atención que la gente cruzara los grandes bulevares por cualquier lugar, sin esperar al menos (como hacemos en España) a que los semáforos cercanos impidiesen el paso de los vehículos. Si aquello era osadía, cruzar una calle en Roma es hoy el verdadero peligro para los caminantes.  

lunes, 16 de septiembre de 2019

Estampas romanas (4): de columnas heroicas y muertos

Las imágenes mantienen un sutil vínculo entre sí que trasciende el espacio y el tiempo. La columna de Trajano, erigida para celebrar las victorias romanas sobre los dacios, es otro de esos empeños verticales con los que los humanos buscan aproximarse a los dioses. Obeliscos, columnas, mausoleos... El cielo como meta espiritual. Poder contemplar el bajo relieve en espiral que recorre la columna es uno de los regalos impagables de Roma. Pero he aquí que las escenas multitudinarias de las batallas esculpidas me traen a la memoria un relieve parisino: el de las almas sufrientes de la Puerta de Infierno de Rodin. Entonces surge el vínculo sutil al que me refería. Porque si esas almas que sufren en la puerta miran de cerca a sus hermanas del infierno dantesco, tan apiñadas en las estancias como los dacios y los romanos de la columna, el Hades fue también la definitiva morada inmediata de muchos de estos guerreros. Tal vez algunos alzaron su rostro desdichado al paso solemne de Dante y su maestro Virgilio. De este modo la columna adquiere un sentido escatológico. Estamos contemplando la antesala del infierno.

domingo, 15 de septiembre de 2019

Estampas romanas (3): el silencio trinitario

No es Roma una ciudad precisamente silenciosa. Como sucede en otras urbes capitalinas, el tráfico infiernal se ha adueñado de las calles. Eso sí, quizá sea la única ciudad del mundo en la que las campanas de las incontables iglesias alzan su reclamo cristiano por encima del clamorío motorizado, recordando varias veces al día que las cosas de este mundo no pueden competir con la música celestial. Pero también en Roma hay rincones en los que el silencio ha enraízado. El silencio que, como un aura de santidad, desprende esta trinitaria estampa. Con qué rapidez los humanos nos convertimos a la religión de la tecnología y abrazamos nuevos misterios; con qué frivolidad nos desprendemos de la piel de los viejos hábitos para embutirnos en una piel nueva, a los ojos brillante y prometedora. En el camino vamos dejando amputados los miembros que un día nos sirvieron callada y fielmente. Cuántos de nosotros hemos reído y llorado con estos artilugios, ya apretara la canícula o se desbaratara el cielo en torrencial diluvio. Cuántas confidencias y secretos guardan, confesados de espaldas al mundo. Este rincón de Roma nos recuerda que una vez tuvimos un bien preciado: la intimidad.   
[Dos días después de publicar esta entrada me encuentro esta otra perla en via Emilio Faà di Bruno. Más moderna sin duda que las anteriores, pues es apta para minusválidos]. 

sábado, 14 de septiembre de 2019

Estampas romanas (2): las aguas inquietas

La flecha corta el aire algo por encima de mi cabeza. Hasta ahí llegaron las aguas del Tíber en esta crecida memorable. Estamos en el nº 16 de la via del Banco di Santo Spirito, no muy lejos del Castel Sant'Angelo. Estas placas asoman en muchas ciudades fluviales y en alguna que otra marítima: en Sevilla se señala una crecida al comienzo de la calle Betis, París vivió en 1910 el gran desbordamiento del Sena y en Cádiz, en la calle la Palma, todavía hoy se dan gracias a la Virgen homónima por haber frenado a los pies de su templo las aguas epigonales del maremoto de Lisboa de 1755. Precisamente en estos días septembrinos las aguas del Segura campan a sus anchas por tierras y pueblos de Murcia. Las aguas son inquietas por naturaleza, mortíferas a veces. De poco sirven tuberías y diques, de poco la ilusión de las murallas. El Tíber serpentea ahora por Roma con poco caudal porque los ríos, como el mar, también dormitan. Quién sabe con qué victorias catastróficas sueñan.  

jueves, 12 de septiembre de 2019

Estampas romanas (1): el peligro en los versos

Roma sigue siendo un peligro para caminantes. No sé qué pensaría ahora Rafael Alberti de la Urbe, décadas después de la publicación de su poemario (1968). ¿Se vería acechado, procurado, demandado, poseído y preso como entonces? Las ciudades son animales multiformes y cambiantes, espacios de luz y sombra, donde los jardines soleados, promesas de giorni felices, hunden sus raíces en cavernas inmundas, antesala del Hades.
El problema de Roma es que te atrapa, sí, pero nunca sabes cuáles son sus intenciones. Ahora, sobre la via Andrea Doria, donde vivo temporalmente, cae una luz engañosa, luz de derribo celeste, y suena una canción oculta en los cortili. Desde algunas calles más allá me llegan cantos de sirenas.  
 


sábado, 27 de julio de 2019

Mediterráneo meridiano

Es de ver cómo relumbra el Mediterráneo a esta hora meridiana. La luz estival tiene algo de pájaro de plata inquieto, febril a causa de alguna nostalgia emplumada. Algunos poemas he escrito desde esta ventanal azul. He aquí uno de ellos:
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EN ESPERA DEL ALBA
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Sin señales aún de la alborada,
muy temprano dejábamos el sueño
y salíamos fuera a la terraza
frente al acantilado rumoroso.
Aún quedaba noche
para el sol circular de los humanos
y su tren de imposturas, la tediosa
carga de desvivirse para qué,
la búsqueda cansina de un porqué
en los apartaderos del camino.
Pero entretanto estábamos allí
los dos solos, desnudos y abrazados,
hijos de una acuarela fascinante.
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Del libro Aún trémulo el ramaje, Sevilla, Siltolá, 2016.

domingo, 2 de junio de 2019

Nuevo número de la revista Litoral

La revista Litoral dedica su último número al automóvil. Y su editor, Antonio Lafarque, ha tenido a bien incluir mi "El autobús circular". Estoy en magnífica compañía.

jueves, 25 de abril de 2019

Sobre Homero y una nueva (y estupenda) escritora

A veces aparece un libro que provoca un pequeño seísmo en la memoria de las lecturas, una revelación cuando ya se esperan pocas revelaciones. Es el caso de De Homero y otros dioses, el precioso volumen de cuentos que Irene Reyes-Noguerol ha publicado en la editorial sevillana Maclein y Parker. Esta tarde tendré el placer de presentarlo y conversar con ella. Si estáis por Cádiz, no dejéis de asistir.