viernes, 3 de abril de 2020

Diario de un confinamiento, 14. Sarah Vaughan y el extravío

Confieso mi devoción por Sarah Vaughan, cuya voz estimo la mejor, de largo, del jazz. En estos días de cautiverio domiciliario van desfilando por el equipo de mi estudio todos los discos de jazz que he ido atesorando durante años. Si ayer terminé la jornada con Shirley Horn, hoy la he comenzado con Vaughan. Escuchar su preciosa voz debe de ser lo más parecido a dejarse inundar por la dulce luz de esos seres mágicos que llaman ángeles. Mientras escribo estas líneas suena I'm lost. Aunque su extravío es de amores, así es como nos sentimos en esta etapa desdichada de nuestra vida: perdidos. Por eso, para no perder el norte que hoy vemos tan desvaído, es preciso dejarse llevar de la mano por las músicas de este mundo, las literaturas de este mundo, el amor de este mundo... El único tan tristemente palpable.

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Estadísticas, información veraz o mendaz, fishing, memes, chistes, vídeos de todo lo visible, autoayuda, sicólogos oportunistas, buenismo estomagante, denuncias, gritos de dolor, palmas de agradecimiento, riñas domésticas, emails institucionales, advertencias familiares, fotografías de añoranza, instrucciones de higiene, ofertas de préstamos, mensajes cariñosos de los bancos, lamento de amigos... Nunca estuvimos (y no sé si alguna vez más estaremos) tan perdidos.

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