domingo, 15 de marzo de 2020

Diario de un confinamiento, 1. La vigilia espartana

P. Brueghel el Viejo, El triunfo de la Muerte (ca. 1562)
Museo del Prado. 
Como Cádiz es casi una isla (paene insula), el aislamiento es cosa de casi rutina. Pero claro, esto es así en el lúdico mundo de las palabras, no en la hosca realidad de estos días. Mientras en uno de los canales de la televisión nos infunden ánimo apocalíptico con la película Godzilla, yo guardo con escudo y lanza de hoplita la siesta de mis padres, ambos en anciana y doliente vulnerabilidad, ambos asustados ante este inesperado Fin de los Tiempos. Ellos, que han vivido la Guerra Civil y la larga posguerra. Ellos, que han pasado hambre y sufrido todas las miserias que trajo el franquismo. ¿Quién les iba a decir que en pleno siglo XXI, en la posposmodernidad sin fronteras, un bicho microscópico con nombre de nefasto atributo monárquico iba a quitarles el sueño, a recordarles cruelmente con cada segundo de los informativos que están en la parrilla de salida, que esos globos multitentaculares vienen a por ellos. Mientras la maldita televisión nos regala la ruina de los reinos del capitalismo a manos de Godzilla, mis padres procuran olvidar por un rato su condición de ancianos y enfermos. Pero las siestas ya no serán iguales; quién sabe si habrá siesta en los días venideros. Aprieto la lanza y pongo firme el escudo, no sin antes lavarme muy jabonosamente las manos.    

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