domingo, 17 de noviembre de 2019

Estampas romanas (24): de palacios y condenas

Palazzo Farnese
Construidos como residencia de papas, cardenales, aristócratas y banqueros, cuyos nombres han quedado impresos en la noble piedra (Alberini, Corsini, Braschi, Barberini, Chigi, Doria-Pamphili, Spada, Consulta, Farnesio, Mattei, Besso, Fieschi Sora...), Roma también es la ciudad de los palazziPalacios renacentistas, barrocos o neoclásicos, muchos de ellos forman parte del patrimonio cultural italiano y han sido acondicionados como atractivos museosPero en esta ciudad tan fastuosa y ricamente edificada también se alzaron edificios de triste memoria. Pocos turistas habrán advertido, al pasar por delante, que en pleno Trastévere, en la via della Lungara,  muy cerca de Villa Farnesina y del palazzo Corsini, todavía cumple su funciones la antigua cárcel Regina Coeli. 
Cárcel Regina Coeli
El complejo nació como convento de monjas carmelitas en el siglo XVII (de ahí viene tan esperanzador nombre) y, por esas extrañas reconversiones del patrimonio religioso, devino prisión en 1881. Por sus celdas pasaron numerosos antifascistas italianos en tiempos de Mussolini, como Sandro Pertini (el que luego sería presidente de la República), Massimo Mila, Carlo Muscetta, Leone Ginzburg y Cesare Pavese. 
Ha querido el azar, más urdidor que caprichoso, que en esta estancia mía en Roma haya visto la película "Sulla mia pelle", dirigida por Alessio Cremonini y protagonizada por un magnífico Alessandro Borghi, sobre la última semana de la vida del joven Stefano Cucchi, detenido en 2006 y apaleado en la noche de su detención por algunos carabineros. Pero no queda ahí la cosa. Pocos días después de ver la película, la RAI informaba de que acababa de celebrarse en Roma el segundo juicio sobre este caso que conmocionó a Italia. Si en el primero, en 2013, los policías acusados fueron absueltos, ahora se ha dictado sentencia condenatoria contra dos de ellos, con penas de 12 años de cárcel, porque ha quedado demostrado que Cucchi falleció a resultas de las lesiones. En esa semana infernal, desde su detención hasta su muerte, Cucchi estuvo encerrado cautelarmente en Regina Coeli. 
Recordando a Leone, a Pavese y a Cucchi, quise ver los altos muros, el perímetro del recinto allá donde era posible. Al pasar por el vicolo di S. Francesco di Sales se oían voces que parecía justificar alguna competición deportiva en alguno de los patios. He sabido que tal prisión generó un dicho popular que resulta todo un desafío para los lugareños: 
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A via de la Lungara ce sta'n gradino
chi nun salisce quelo nun è romano
nun è romano e nè travertino.
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que podría traducirse: "En la via della Lungara hay escalones, / quien no los sube no es romano, / no es romano ni travertino". 
En efecto, para entrar en el edificio es preciso subir tres escalones y solo quien traspasa el umbral adquiere el derecho de ciudadanía romana. Dicho penitenciario que equipara el coraje de la sangre con la dura experiencia carcelaria. Compárense ahora estos escalones infaustos con los sublimes de la entrada anterior y se apreciará, una vez más, que Roma es sobre todo la ciudad de los contrastes. Para bien y para mal. 

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