viernes, 8 de noviembre de 2019

Estampas romanas (21): de los umbrales y sus peligros

Desde que los griegos ubicaran en el mapa de su mundo las distintas entradas del Hades, en la literatura occidental los umbrales se configuran como una invitación inquietante, cuando no siniestra. Don Quijote se atrevió a dar ese paso al descender a la cueva de Montesinos y San Juan de la Cruz se adentró en una espesura espiritual en busca de quién sabe qué dulces amarguras. 
Roma es también ciudad de umbrales, frontera de luces y sombras. Asomarse tan solo no basta: es preciso penetrar en el recinto sagrado. Al pasar por delante del portón del nº 18 de la via della Lungara se oye una música risueña, una seductora melodía de cristal en continua metamorfosis. De la alegre espesura que aguarda al fondo, regada por la luz cenital, brota una Ceres radiante portadora de dones frutales. ¿Cómo no rendirle tributo? 
A veces el misterio se ha instalado fuera, en la luz, que buscamos afanosamente desde dentro. La basilica Sant'Agnese fuori le mura despliega a nuestros pies una escalera lapidaria que culmina en un umbral cegador, preludio del bello mausoleo de Costanza. 
Igual de atrayente es la luz que emana del artificio de Borromini, al final del umbral-túnel que admira al visitante. Pasar al otro lado está prohibido, acaso porque nada bueno cabe esperar de esta arcada ilusoria, de este trampantojo arquitectónico.
Francas del todo, como umbrales de la sapiencia, ofrecen generosamente sus secretos las puertas de la biblioteca de la Accademia dei Lincei del palacio Corsica. Ahora bien, prudencia, porque en el silencio de las salas resuena un leve canto de sirenas, sin duda las mismas que arrebataron las entendederas a don Quijote. 
Pero, ay, cuídate, caminante, de las puertas custodiadas por demonios, grifos, dragones y otras bestias inmundas. Son avisos dignos de consideración, y la prudencia ha de prevalecer sobre la curiosidad y el prurito aventurero. ¿Quién no rezaría diez avemarías antes de entregarse a las sombras que prometen las calaveras de Santa Maria della Orazione e della Morte? 
Al menos este umbral no esconde la naturaleza sepulcral del recinto, pero hay otros, estratégicamente ubicados, que han logrado disimular sus maléficas intenciones con colorines y músicas alienantes, hasta el punto de haber adormecido a las bestias que presiden las puertas. Por más que algunos nos empeñemos en que son trasunto de otros pavores y hay que mantenerlos a raya, estos bufones de piedra de la via del Babuino ya no tienen otra función que saludar y agradecer la visita a los clientes.







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