domingo, 27 de octubre de 2019

Estampas romanas (19): de las guerras y los fascismos

La historia de las ciudades también cuelga en sus muros. Como la voz del difunto que en las antiguas inscripciones funerarias romanas invitaba al caminante a detenerse ("Eh tú que pasas, detente") y compadecerse por un instante del dolor, así las placas conmemorativas se afanan en atraer la atención de los transeúntes. No es tarea fácil, pues los más pasan por debajo sin alzar la mirada. La Roma contemporánea también se exhibe en estos mármoles grabados. Especialmente abunda la dolorosa memoria de la Segunda Guerra Mundial. Igual que en Le Marais, el barrio judío parisino, han quedado constancia y denuncia de las deportaciones a los campos de exterminio nazis, en Roma la comunidad judía mantiene viva la tragedia en el antiguo gueto y en otros lugares. Estas dos placas situadas en un edificio de la Isla Tiberina dan cuenta del inicio de las persecuciones y del triste final de muchos recién nacidos. 
Sobre todo abruma el recuerdo de los caídos en la Segunda Guerra Mundial en la lucha contra los nazifascistas, en placas promovidas por el Partido Comunista y las asociaciones de partisanos. Porque Italia, no se olvide, sufrió por los dos costados: el veneno del fascismo interno y la devastación de la invasión nazi. 
Ahora bien, los italianos no se olvidan tampoco de sus muertos en la primera Gran Guerra (1914-1918). Hasta tal punto, que resulta chocante ver, entre tanta repulsa del fascismo mussoliniano, una placa en la via Cola di Rienzo donde se exalta sotto l'insegna del fascio a los patriotas que cayeron en aquel nefasto cuatrienio, con agradecimiento fresco incluido.
Mas la huella de los valores del Duce no queda ahí.  Corrían los años 30 del siglo XX y, para conmemorar los 20 años de fascismo, el régimen proyectó organizar la Esposizione Universale Roma. Aunque la entrada en la guerra y la derrota de Mussolini dio al traste con todo, hubo tiempo de levantar todo un complejo arquitectónico de estética fascista en un barrio periférico, hoy conocido por las siglas E.U.R. Aquel furor megalómano que tenía como propósito el retorno a la Roma imperial dio a luz, entre otros edificios, al conocido como Colosseo quadrato (o palazzo della Civiltà Romana)un monumento consagrado a la virtud del pueblo romano. Raramente llegan hasta allí los turistas, y en verdad parece que aquello es otra ciudad. 
Como se ha visto en España en esta semana que acaba con la exhumación e inhumación de Franco, los dictadores no se van del todo, pues han sabido metamorfosearse en piedras y mármoles. De nuevo los símbolos, los malditos símbolos.  



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