martes, 20 de diciembre de 2016

Frío en Unter den Linden (Berlín)

Mercadillo en Gendarmenmarkt. Berlín
Escribí este poema en un viaje, en plena Navidad, a Berlín. Fue en 2009, cuando un invierno feroz dejaba toda Europa nevada. Yo vivía entonces en Lovaina y desde Bruselas viajamos en tren hasta la capital alemana. Era la segunda vez que visitaba la ciudad y ya conocía sus mercadillos navideños. Entonces tomábamos vino caliente, pero aquel era otro frío, el frío del aire en su estación, no este frío de hoy, este frío que no se sabe en qué terrible caverna nace y qué terribles cavernícolas lo alimentan.
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NAVIDAD EN UNTER DEN LINDEN
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El temblor de los tilos despojados,
las luces redentoras de la fiesta,
la nieve desprendida
en esquirlas de luna mancillada
como salutación de la ciudad.
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Helaba en toda Europa
y huíamos del frío brabantino
por raíles de nieve interminables.
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Nos habían hablado tantas veces
del calor berlinés, de la llama prendida
en el vaso de vino callejero
─ese trago caliente que acaricia
y redime los huesos ateridos,
que aquella Navidad de dos mil nueve
llegamos a Berlín esperanzados.
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Tú buscabas el cielo
por plazas y avenidas terrenales
y el temblor de los tilos deshacía
en esquirlas de luna destrenzada
el recuerdo lejano de la nieve. 
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