miércoles, 19 de agosto de 2015

September morn

"Mañana de septiembre" (1912) de Paul Chabas
Alguna vez lo dejé escrito: septiembre es un mes prometedor, porque prometedores son los preámbulos. Un cruce de caminos con encantamiento a la luz de la luna en honor de la diosa Hécate. Septiembre, el séptimo en el antiguo calendario romano, al que no osaron los príncipes del Imperio cambiarle el nombre. Suena a siete y suena a siempre. September foreverMiras por la ventana y al fondo, en la pincelada desvaída del horizonte, saluda septiembre. A la vuelta del bosque brota septiembre. Detrás del ruido amansa septiembre. Pasado el ecuador ardiente de agosto, septiembre ya asoma y nos recibe, nos recibe para pasarnos al otro lado. September morn.   

martes, 18 de agosto de 2015

La trastienda de los premios literarios (2): Italo Calvino y Giansiro Ferrata

.....Si en una entrada anterior veíamos a Italo Calvino procurando ayudar a su amigo Alfonso Gatto para que ganase el premio Saint Vicent de Poesía de 1948, un año antes, en la primavera de 1947, ya se había producido otro "acercamiento" de Calvino a un jurado literario, con la diferencia de que esta vez era él la parte interesada. 
.....Pero no prejuzguemos. Son los años de posguerra. En la primavera de 1947 Calvino, que tiene veintitrés años y estudia el último curso de Letras en la Universidad de Turín, se afana por abrirse camino en la literatura italiana. Subsiste con lo que cobra de los cuentos que de vez en cuando publica, el sueldo escaso de publicista en Einaudi de su primer oficio y los giros que con regularidad le envían sus padres. De ahí que todo esfuerzo para ganar unas liras sea poco.
.....En los primeros meses del año está nervioso, pendiente del fallo del premio de novela para autores jóvenes de Mondadori. Entre los numerosos manuscritos está su primera novela, El sendero de los nidos de araña, nacida a finales de 1946 al calor de su experiencia partisana. Pues bien, desde el primer momento, Calvino intenta a través de amigos como Marcelo Venturi y otros averiguar quiénes forman parte del jurado. Incluso hace alguna que otra escapada a Milán para "enterarse de algo". En una de esas logra hablar con Giansiro Ferrata, miembro de la comisión previa al jurado definitivo. He aquí el relato de aquel encuentro que hace para Venturi en una epístola de marzo (traduzco del italiano):
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Mi novela había superado la primera barrera junto con otras treinta, y estaba en manos de Ferrata para su lectura, que apenas la había empezado. Ferrata no ha sabido decirme nada en concreto. Ha estado muy enfermo, una septicemia por la mastoiditis suya del año pasado, y del premio Mondadori quiere ocuparse lo menos posible. Dice que lo que más se cita pertenece a un tal católico Santucci, pero son más divagaciones que novela, y a un tal Lazzaro, memorias del sanatorio. Me dice que no cree que Delbuono tenga muchas posibilidades. No supo precisarme la composición del jurado.
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.....El final de la historia es que Ferrata terminó la lectura de la novela de Calvino y la rechazó por tener poca "invención y demasiada realidad". Meses más tarde saldría publicada en Einaudi por mediación de Cesare Pavese. No es que fuera un best seller, pero las ventas del libro provocaron que Mondadori reprochara a Ferrata haber impedido que ese título saliese en el sello milanés.

martes, 11 de agosto de 2015

Dos libros, dos muertes: Winckelmann y Pasolini

La lectura del precioso libro de María Belmonte, Peregrinos de la belleza. Viajeros por Italia y Grecia (Acantilado, 2015), me ha traído a la memoria otro que leí recientemente: Pasolini o la noche de las luciérnagas (Nocturna Ediciones, 2015), de José María García López, un libro estupendo que avanza entre la biografía y la ficción novelada y cuyo castellano es rico, pulcro y a menudo poético (no en vano José María es también poeta). Al leer en el libro de Belmonte el capítulo dedicado a Johann Winckelmann, el célebre anticuario papal que, desde orígenes humildes, alcanzó la cumbre de la erudición neoclásica en el siglo XVIII, me he acordado de Pasolini. ¿Qué tienen en común el experto en arte de Sajonia y el poeta y cineasta boloñés? 
Ambos fueron homosexuales en tiempos difíciles y ambos eligieron Roma como ciudad de residencia: Winckelmann huía de una Alemania asfixiante y buscaba la belleza clásica; Pasolini escapaba del acoso y las denuncias infamantes de los democristianos de Bolonia y veía en la capital de Italia una vida más propicia para su poesía heterodoxa y sus relaciones homosexuales. Y ambos, y he aquí el origen de sus tragedias, llevaron una doble vida (en palabras de Belmonte referidas a Winckelmann): "idolatrar la belleza y practicar la fealdad; el Apolo de Belvedere y los urinarios públicos; efebos de mármol y chaperos callejeros". Al anticuario lo asesinaron a cuchilladas en 1768 en un hotel de medio pelo de Trieste, sin que se sepa todavía a qué fue allí de incógnito (signore Giovanni) y por qué aceptó la compañía de un desconocido que acabaría con su vida por robarle unas medallas de oro y plata (¿ese fue el único motivo?); por qué, en definitiva, prefirió la sordidez a la posibilidad de alojarse en un buen hotel y ser recibido por las autoridades locales como el erudito afamado que era. A Pasolini, es sabido, lo apalearon y atropellaron en 1975 en la playa de Ostia, adonde había acudido con Pino Pelosi, un chapero que fue inculpado por un crimen en el que participaron varios asesinos y que todavía hoy sigue sin estar aclarado. Winckelmann tenía 50 años; Pasolini, 53. Dos hombres cultos, sensibles ante la belleza, que caminaron por el filo de la navaja hacia una muerte cruel.   

sábado, 1 de agosto de 2015

Poema en Lisboa en recuerdo de un amigo

Hipólito Olozábal
La voz de los amigos ausentes es como el rumor del mar: nunca duerme. En los últimos cuatro años se me han ido cuatro muy queridos y raro es el día en que no viene alguno a visitarme. En el mes de mayo estuve solo en Lisboa con motivo de un congreso. Sentado en una terraza frente al Tajo espejeante del atardecer, apareció Hipólito para que lo convidara a un vino a cambio de su siempre grata compañía. Como es lógico, acepté. Hoy he recordado aquel encuentro y el poema que escribí para no olvidarlo. 
...
SIN EL AMIGO EN LISBOA
...
Desde este mirador sobre las aguas
solo veo el río hundirse con premura
en el mar insaciable, pero no veo al amigo.
No sé dónde estarás, si es que tu ausencia
es estado, una forma de existir inasible.
No sé, querido amigo, si en ese allá tan tuyo
se pasean muchachas de andares risueños
y abunda, como aquí, el vino de taberna.
Tampoco sé si tienen su porqué
estos versos que miran al Tajo atardecido,
salvo oírme a mí mismo recordándote,
provocando tu risa generosa
y el gesto socarrón que amaban tus amigas.
Sólo sé que en las tardes de límites difusos,
cuando las ninfas salen desnudas a cantar
en las riberas, siempre hay, buen amigo,
una copa que obra el milagro de tu vuelta.