miércoles, 27 de mayo de 2015

Léon-Paul Fargue, divertido "flâneur" en París

L.-P. Fargue, M. Ravel, G. Auric y P. Morand
Ciudad literaria como pocas (quizá la que más), París es sujeto y objeto en incontables libros. Cuando hace dos años y medio viví durante varios meses junto al Sena, recuerdo que me propuse leer algunos títulos que me mostrasen no la ciudad recreada por escritores y artistas, sino la que una vez existió, con sus grandezas y sus miserias. En las primeras semanas de mi estancia leí sin desmayo París insólito (Seix Barral, 2011), el libro con el que el vagabundo Jean-Paul Clébert elevó a categoría épica sus tribulaciones en las calles y la sordidez de muchos de sus encuentros; Y siguió la fiesta. La vida cultural en el París ocupado por los nazis (Galaxia Gutenberg, 2011), el estudio de Alan Riding sobre la cultura (colaboracionista o no) en un período fascinante pese a la guerra; Rue de l'Odéon, los escritos de Adrienne Monnier sobre la mítica librería La Maison des Amis des Livres, injustamente eclipsada por la fama posterior de Shakespeare & Company. 
Sin embargo, no tuve a mano por aquellos días Le piéton de Paris de Léon-Paul Fargue, publicado por Gallimard ya en 1939. Ha sido ahora, en la traducción española de Regina López Muñoz (Errata Naturae, 2014, donde se incluye también Según París y un prólogo de Andrés Trapiello), cuando he disfrutado de este paseo de la mano de Fargue. Barrios, teatros, bares, negocios, salones, hoteles, muelles, estaciones, autobuses, monumentos... No hay lugar parisino que no sea escenario de una cita inesperada, una anécdota divertida o una historia desternillante. Como la búsqueda en varios clubes de Montmartre de una misteriosa coleccionista de arte que se había comprometido a sacar de la pobreza al artista negro Zilou, al que acompaña en su deambular el propio autor. Escritores, artistas, actores, vagabundos, hosteleros, putas, señoras de dudoso gusto y rancia frivolidad, tertulianos de café, discutidores de salón..., los más con nombre y apellido: Eugène Merle, Jean Cocteau, Maurice Ravel, Eric Satie, Marcel Proust, Léon Daudet, Paul Valéry, André Guide, Edouard Drumont, Louis Barthou... No hay personaje que no labore en esta colmena, esta gigantesca ruche en torno a la cual revolotea irónico el poeta, este flâneur corpulento que amaba el trabajo de los bouquinistes de los muelles casi tanto como la música de Ravel. Hay muchas páginas para disfrutar en este libro, donde Montmartre se alza como "un París dentro de otro", frente a ese otro barrio del sur tan celebrado, Montparnasse, al que "aún le falta tiempo en barrica". Termino con un par de fragmentos que os harán ver el humor que destila este libro (junto con otros líquidos destilables) más que recomendable:
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La estación
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Vulcano ha escupido su salivazo de fuego, su delta de hierro hasta el horizonte. Blanca de espuma, de regreso de los Infiernos, orinando en todas partes, con sus papadas de grasa y salitre, llega una Gigogne, con un inmenso movimiento de recogemigas. Y lo más asombroso de todo es que las migas vuelven a ella. Está imantada. Cada vagón se convierte en un cargador donde los cartuchos se colocan solos. El hombre nocturno es un caviar que sólo pide enlatarse.
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El Museo de los mundos perdidos
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Una vez interrogado el diplodocus, escrutado, vaciado de su poesía de catedral vista con rayos X, la mirada del hombre actual, pese a estar habituada a paracaídas, viaductos y ametralladoras automáticas, se posa no sin estupor en el Iguanodon, dinosaurio de la familia lagarto. El iguanodonte, con cuerpo de pesquero de arrastre, tenía una cara de anguila ebria asomando por el extremo de una manguera.

martes, 12 de mayo de 2015

"Después de Troya" en Granada

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sábado, 9 de mayo de 2015

"Después de Troya" en la Feria del Libro de Cádiz

Nunca pensé que me vería así de agobiado, entre pistoleros de asfalto y esforzados hoplitas.