miércoles, 29 de abril de 2015

El Breviario negro de Ángel Olgoso

La trayectoria literaria de Ángel Olgoso se asienta sobre varios libros de relatos que lo han convertido en una referencia indiscutible de la narrativa breve en España. Cito los cuatro que me hicieron disfrutar en su momento y aún hoy, cuando releo esta o aquella pieza, me siguen seduciendo: Los demonios del lugar (Almuzara, 2007), Astrolabio (Cuadernos del Vigía, 2007), La máquina de languidecer (Páginas de Espuma, 2009), y Las frutas de la luna (Menoscuarto, 2013). Es maestro de la brevedad en el microrrelato y también reafirma su dominio en el relato. Es la suya literatura fantástica, donde afloran fuerzas extrañas, insólitas, oníricas, telúricas, cósmicas, terroríficas en definitiva que percuten en el lector con una resonancia sombría o iluminan espacios insospechados con una luz oscura, en palabras de otro maestro del género, José María Merino. Si a ello añadimos que Olgoso tiene la cualidad envidiable de manejar un lenguaje expresivo deslumbrante, riquísimo, en las antípodas de ese castellano de escaso vuelo que tanto abunda en la literatura española, podemos decir sin exagerar que estamos ante un escritor mayúsculo. 
...Breviario negro es su último libro, que la editorial Menoscuarto ha editado con la elegancia y el primor que la caracterizan. Un conjunto de 41 piezas cuya brevedad no siempre facilita la tarea de delimitar dónde acaba el microrrelato y empieza el relato. La variedad de temas y enfoques vienen a confirmar lo que ya sospechábamos por los libros anteriores: su interés por explorar nuevos escenarios. Hay en este volumen muchos relatos dignos de mención, como el que sirve de pórtico: "Cartografía", un bello homenaje al cuerpo femenino; o el estupendo "Crisálida", donde una simple hilacha en la manga sirve de purificación a toda una vida; o "El pigmento de la creación", donde un pintor de colores vívidos esconde un terrible y a la vez poético secreto; o "El descanso de Sísifo", una nueva visión del mito que condena al castigo a perseguidor y perseguido. O, en fin, ese otro relato inquietante en el que subyace una feroz crítica social a los bancos: "Una gota de la baba de Caín". La poética de Olgoso se explica en buena medida en estas palabras del relato "Últimas voluntades": La vida, siempre lo pensé y ahora puedo consignarlo, es un terrorífico relámpago que no sirve sino para descubrir un abismo
...Concluyo con una muestra de ese lenguaje rico, brillante, que extiende sobre los relatos de Olgoso un velo poético pocas veces visto en este género y que para mí tiene ecos del mejor Azorín
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Las cabras ramonean en la ribera del Genil. Bajo la ropa tendida en las fachadas, las casas de vecinos van poniendo de muestra sus vahos de lana y orinal, de tocino añejo, de gallinero, de hojas de col. Un organillero de manubrio se para, a pie firme, en el Campo del Príncipe esperando que la generosidad caiga de los balcones. Comadres, viudas, novias guardan membrillos entre el lino de arcones y cómodas. Los rapacejos juegan a la taba, a la pídola, a las cajillas de fósforos, a clavar monedas de perra chica en cañas de azúcar, a lanzar piedras con honda en las arboledas de la Alhambra ("La ondina de la Sierra")

viernes, 24 de abril de 2015

Microrrelato no seleccionado en el premio IASA

Recientemente se ha hecho pública la relación de los textos finalistas en el I Premio de Microrrelatos de IASA Ascensores. De unos 3400 presentados, 28 han pasado a la fase final. Entre ellos no figura el mío. Y como nada se destruye, sino que todo se transforma y muda su propósito, lo aprovecho para este blog. Los 3000 euros del premio se esfuman, pero mi Petrarca sigue con su sueño mítico.
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Anábasis mítica
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Mientras ascendía al monte Ventoux por la ladera norte, boscosa y escarchada por el frío mistral, Petrarca jadeaba ansioso por ver un viejo sueño cumplido: aproximarse a Dios a través de la contemplación solitaria y cimera de la bóveda celeste. Pero al llegar a la cúspide, descubrió que otros pies, cientos, hollaban sin descanso la ladera sur. Un ejército de sísifos allegaba grandes rocas redondas, sin aristas, bajo un lema revelador: “Elevamos sueños”*. Admirado del prodigio, Petrarca cerró los ojos y agradeció a la divinidad aquella inesperada reescritura del mito.
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* El requisito comercial para participar era que el texto incluyera la frase "Elevamos sueños".

lunes, 20 de abril de 2015

"Después de Troya" en Sevilla

Queridos amigos de Sevilla y alrededores, tenéis una cita en el Café CICUS el martes 28 de abril. Estaré acompañado por Antonio Rivero Taravillo. Os espero.


sábado, 11 de abril de 2015

Un microrrelato pluviomítico

Trombas pluviales
  

.....Los meteorólogos advirtieron de que el cambio climático propiciaría insólitas mudanzas en los ciclos pluviales y que las previsiones, tan precisas hasta la fecha, resultarían del todo ineficaces. Fue por entonces cuando Noé, que ya era un adolescente crecido, conoció desde la ventana del ático la furia de las trombas repentinas.
.....La primera vez que ocurrió, el agua quebrantó sus límites, forzó una puerta mal cerrada, penetró muy despacio en el dormitorio del abuelo Matusalén, rondó bajo su descanso vespertino hasta hacerse lecho disimulado y se lo llevó plácidamente dormido, flotando como una hoja de lentisco que ignora el destino fatal que le espera. Antes de ser engullido por la boca negra del sumidero, el anciano abrió un ojo y pudo ver a su nieto detrás de los cristales. Aún tuvo tiempo de lanzarle un acuoso beso de despedida.
.....La segunda tromba duró menos tiempo y el agua se contuvo en la terraza. Confiado en la temperancia del líquido, su padre, de nombre Lamec, salió a reforzar los puntos débiles de las puertas y ventanas. De súbito una lengua desmedida comenzó a alzarse por el sur, evolucionó con rapidez y lo arrolló por la espalda, arrastrándolo hacia el desagüe, mientras gritaba a su hijo que se mantuviera a salvo dentro de la casa. Ante los ojos de Noé, único testigo del prodigio, se repitió la escena del abuelo y el beso empapado y postrero.
.....Hubo luego una tregua prolongada, un tiempo de mansedumbre en las lluvias que evocaba la contemplación monótona de los días de la infancia, cuando Noé pegaba la carita al cristal y pasaba las horas indecisas viendo cómo el agua formaba riachuelos que barrían los pétalos y las hojas desprendidos de las plantas.
.....Mas poco después volvieron a desatarse las trombas contra la fachada del ático. Una de ellas se aplicó con saña y no cejó en su empeño hasta introducirse en la casa y arrebatar a su madre, que rezaba en el dormitorio para conjurar el acoso pluvial que estaba diluyendo a su familia. A pesar de estar mermadas sus fuerzas por la enfermedad, la mujer aún pudo girarse en el carrusel de la escorrentía y amagar un beso triste para su hijo, antes de desaparecer por el tubo ovillada sobre sí misma.
.....Han transcurrido muchos inviernos y Noé se ha convertido en un hombre maduro, experimentado en la violencia de las precipitaciones celestes. Por eso ya no se admira de que el diámetro del sumidero haya aumentado tanto, ni de que se agite en una continua contracción, indicio de permanente y ansiosa espera. Vive con los prismáticos en ristre y cada día comprueba varias veces que aún no está solo, que todavía quedan algunos supervivientes en los áticos de la ciudad sitiada por las aguas.


(Del libro Zona de incertidumbre, Sevilla, Paréntesis, 2011, pp. 61-64)