sábado, 1 de agosto de 2015

Poema en Lisboa en recuerdo de un amigo

Hipólito Olozábal
La voz de los amigos ausentes es como el rumor del mar: nunca duerme. En los últimos cuatro años se me han ido cuatro muy queridos y raro es el día en que no viene alguno a visitarme. En el mes de mayo estuve solo en Lisboa con motivo de un congreso. Sentado en una terraza frente al Tajo espejeante del atardecer, apareció Hipólito para que lo convidara a un vino a cambio de su siempre grata compañía. Como es lógico, acepté. Hoy he recordado aquel encuentro y el poema que escribí para no olvidarlo. 
...
SIN EL AMIGO EN LISBOA
...
Desde este mirador sobre las aguas
solo veo el río hundirse con premura
en el mar insaciable, pero no veo al amigo.
No sé dónde estarás, si es que tu ausencia
es estado, una forma de existir inasible.
No sé, querido amigo, si en ese allá tan tuyo
se pasean muchachas de andares risueños
y abunda, como aquí, el vino de taberna.
Tampoco sé si tienen su porqué
estos versos que miran al Tajo atardecido,
salvo oírme a mí mismo recordándote,
provocando tu risa generosa
y el gesto socarrón que amaban tus amigas.
Sólo sé que en las tardes de límites difusos,
cuando las ninfas salen desnudas a cantar
en las riberas, siempre hay, buen amigo,
una copa que obra el milagro de tu vuelta.

3 comentarios:

Isabel Olozabal dijo...

Hoy me he despertado con este poema tuyo ... me ha traído a mi hermano a mi lado ... gracias Antonio.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Un beso.

M.A. Robles dijo...

Gracias, Antonio, por este poema, que "obra el milagro" por un momento. Besos.