miércoles, 17 de junio de 2015

¿Un microrrelato, o el inicio de un relato?

La musa Melpómene, de Nicolas-René Jollain
Por falta de inspiración, he dejado por una temporada de escribir microrrelatos. Ando ultimando un libro de poemas y avanzo en otros proyectos de más largo aliento. Sin embargo, en esta tarde estival me he acordado de unas líneas que escribí el verano pasado, con el mar de Cabo de Palos al fondo. Y digo líneas porque tengo mis dudas de que esto sea microrrelato. Acaso se acerque más al comienzo de un relato. No sé. Ya digo, falto de inspiración.
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LA VISITA
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Un volvo negro atraviesa, lento, la calle. Podría ser el comienzo de un cuento o una novela policiaca, me dices sorbiendo el té de menta que acabo de servirte. Ahí tienes al asesino, o al policía. Lo que es seguro es que el volvo juega un papel importante en la trama. Ocho jóvenes, aún mojadas por el baño estival, se fotografían con la cala atardecida al fondo y luego se sacuden la arena antes de entrar en dos seat, también negros, que las aguardan con sendos maleteros abiertos. ¿Lo ves? Acaban de aparecer las víctimas. Yo ya veo alzarse la historia, turbia, como todas las tuyas. Alcanzas con la mano el tercero, o el cuarto, rosco de anís. Nunca has ocultado que siempre programas tus visitas en torno a la merienda, la comida del día que por sí sola justifica la existencia humana. A mi casa sueles venir los sábados, porque sabes que prolongo la sobremesa con un rato de escritura y me gusta estimular a las Musas con un té sobrio, sin más acompañamiento que el humo verde. Claro que a ti he de servirte los pasteles. No me gustan especialmente estas visitas tuyas, pero he de reconocer que a veces, como quien acierta un tiro en apariencia errado, una sugerencia tuya ha logrado desembarrancar una historia varada. 

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