lunes, 16 de febrero de 2015

Un microrrelato con eco

Cástor y Pólux. Jardines de Versalles
DUALIDAD

.....Todo empezó por arriba. Nos fuimos de paseo con las dos gorras idénticas, la mía en mi cabeza y la otra en el bolso de Marta. Por más que intenté convencer a mi mujer de que yo no era responsable de tal duplicidad, que no debía buscar la explicación de tan extraño suceso en uno de mis despistes, porque eso implicaría una concatenación de hechos fortuitos poco probable, para Marta estaba claro: había cogido la gorra de otro, posiblemente en la cafetería del hospital. Caminamos en silencio a merced del aire burlón y fresco del otoño.
.....Como digo, fue sólo el principio. No sé cómo llegó a nues­tro armario el otro abrigo, copia exacta del mío, pero ahí estaba una mañana temprano, más visible que el resto de las prendas, ofrecién­dome anhelante su manga derecha. Marta insistía en que había que devolverlo a su dueño, pero esta vez nos resultó imposible distinguir cuál de los dos era el intruso. Poco después aparecieron desdoblados, en semejantes circunstancias y para mayor perplejidad, los guantes y el pantalón.
.....Cuando le tocó el turno a mi par preferido de zapatos, Marta admitió que carecía de toda lógica atribuirlo a un despiste, porque la gente no va por ahí descalzándose en público. Desde entonces la vida transcurre en casa sin sobresaltos. Tú ya tienes tu propia ropa y yo tengo la mía, y Marta está encantada con las muchas posibilidades que le brinda nuestra dualidad.

(Del libro Fuera pijamas, p. 25)

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