sábado, 7 de febrero de 2015

Villena recuerda a los Panero

Como quedó anunciado en la entrada anterior, el pasado miércoles, 4 de febrero, presenté en Cádiz el último libro de Luis Antonio de Villena, Lúcidos bordes de abismo. Memoria personal de los Panero (Fundación Lara, Sevilla, 2014). 
...Este libro es un testimonio de amistad de quien conoció de cerca a la familia Panero (salvo al padre, Leopoldo, por razones obvias de edad) e intimó con dos de ellos, los poetas Juan Luis y Leopoldo María. La memoria de Villena abarca desde los primeros contactos en la década de los 70 del siglo pasado hasta la muerte de todos ellos, incluida Felicidad Blanch, la madre. El libro tiene, a mi entender, tres niveles de lectura. 
...Nivel familiar. El lector se adentra en las relaciones, casi siempre tormentosas, entre los Panero. La sombra funesta del padre, poeta del Régimen, dipsómano, que tiene preterida a su mujer (en cambio, siempre está rodeado de amigos, sobre todo del omnipresente Luis Rosales) y no da a sus hijos precisamente cariño (¡qué vano desiderátum aquel verso de su "Epitafio": Ha muerto / acribillado por los besos de sus hijos). La nula relación entre Juan Luis y Leopoldo María, motivada acaso por los celos literarios del primero y, ya en los últimos años, acrecentada por otros celos: la cercanía y dedicación de Felicidad para con Leopoldo María, el hijo más desvalido. La difícil ubicación del pequeño, Michi, abrumado por el peso de una saga de poetas, la verdadera víctima del torrente destructor de los Panero (yo añadiría a la madre). Y, cómo no, el odi et amo catuliano invocado a menudo por Leopoldo María para referirse a su madre, la mujer responsable de su internamiento en los psiquiátricos. Duros y hermosos a la vez son los poemas que le dedica: "Ma mère" y, una vez fallecida en 1990, "Territorio del cielo". Dice Villena al respecto: "El drama mayor y la belleza de la saga está en el encuentro lírico entre Leopoldo y su madre".
...Nivel literario (o poético). Además de referencias a las tareas literarias de Leopoldo padre (interesante el episodio del encuentro con Cernuda en Londres), la trayectoria poética de Juan Luis y Leopoldo María va entretejida con las relaciones familiares y la frecuentación del amigo Villena. El éxito de los primeros libros de Leopoldo María, ya con el marchamo de poeta maldito (sobre todo Narciso en el acorde último de las flautas, 1979); el olvido posterior, cuando se convierte en el "monstruo"; la reivindicación de su poesía en los 90 por algunos críticos (Tua Blesa, Jenaro Talens). El simbolismo algo hermético, el tanatismo (por cierto, también abrazado por Juan Luis, aunque no en la misma medida: en este resulta topos literario, alimento de quien ha asumido el papel de perdedor; en Leopoldo María, obsesión de enfermo). Y, pese a la repetición y la ininteligibilidad de muchos versos, la composición también de poemas estupendos en la época de los psiquiátricos (¿puede un loco escribir de ese modo?). Por su parte, Juan Luis no despuntaba en los primeros años (A través del tiempo, 1969; Los trucos de la muerte, 1975), pero renace en 1984 con Juegos para aplazar la muerte (1966-1983) y ejercerá durante algunos años su magisterio en los poetas de los 80, para luego volverse repetitivo en los temas y en los enfoques. Añádanse a ello encuentros literarios de interés, como el que tuvo lugar en casa de Jaime Salinas con Octavio Paz. O la entrevista accidentada que hizo Leopoldo María a Jaime Gil de Biedma. 
...Nivel social. El libro de Villena comienza con el estreno en 1976 de El desencanto, la película que Jaime Chávarri rodó a instancias de Michi. Si bien algunos vieron en ella un testimonio del derrumbre de una familia tradicional del franquismo, para otros se trató de una venganza contra quien ya no podía defenderse (Leopoldo padre). Para Villena, el padre fue el "pretexto seminal" para lanzarse a la autodestrucción (coadyuvaron el alcohol y, en el caso de Leopoldo María, también las drogas). Otra película, Después de tantos años, de Ricardo Franco (Michi también estaba en la idea inicial), vino a certificar en 1994 que los tres hermanos proseguían su particular Descensus ad Inferos (aunque Leopoldo María siempre estuvo en él). Pero la sociedad española aún pudo conocer más la intimidad de los Panero gracias a las memorias de dos de sus miembros. En Espejo de sombras (1977) Felicidad reconstruyó parte de su mundo refugiada en una suerte de romanticismo salvador. Por su parte, en Sin rumbo cierto. Memorias conversadas con Fernando Valls (2000), Juan Luis prefirió que lo literario (con algunos adornos que Villena pone de relieve) se alzara por encima del afecto y los deberes familiares. Luego llegarían otras películas, si bien menores, como, por ejemplo, La estancia vacía (Miguel Barrero, 2007). Inevitable resulta preguntarse si ha habido una saga de poetas con tanta necesidad de exponerse en público. Quizá sentían la necesidad de justificarse y recomponer de algún modo los oscuros perfiles que aireó El desencanto
... Villena no se limita a presentar un tapiz de recuerdos y vivencias. Tampoco enjuicia comportamientos. Su recorrido por la tragedia de los Panero es indagación constante, el análisis de quien quiere comprender por qué sucedieron algunas cosas. Que el autor reconozca al final que a medida que escribía el libro Felicidad y Leopoldo María crecieron ante sus ojos, mientras que Juan Luis menguaba, demuestra que la memoria es siempre materia sensible. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Interesante. Tengo pendiente la lectura del libro de Villena (y, por el comentario, promete). Formo parte de la secta que lleva décadas examinando (a través del cine, los poemarios, las memorias) el perturbador itinerario de los Panero.
Un saludo, Antonio.
Pedro Ugarte