viernes, 16 de enero de 2015

María Alcantarilla: el territorio de la ausencia

Hay quienes afirman rotundamente que no leen a los autores actuales, como si en el jardín literario hace tiempo que se hubiese agotado la tierra para nuevos brotes y solo permanecieran lozanas las flores de un tiempo pasado. Yo prefiero, al menos en lo que toca a la poesía, leer cuanto cae en mis manos. Y aunque he de reconocer que buena parte de los poemarios no satisface mis expectativas, a veces hallo una voz nueva que me seduceEs el caso de María Alcantarilla, joven poeta sevillana, cuyo último libro, Ella: invierno (Valparaíso Ediciones, 2014), no me ha dejado indiferente. 
...De entrada, tiene este libro dos aspectos dignos de mención: la más que notable convivencia (y no es fácil si se pretende cierta armonía) entre textos en prosa y en verso y la participación de casi todas las personas gramaticales: yo, tú, él/ella, nosotros... Luego comprende el lector que, siendo el asunto poético el territorio de la ausencia, el yo indague, inquiera, zarandee a cuantos a su alrededor puedan arrojar un poco de luz. Y en esta tarea coadyuvan también las voces de conocidos narradores y poetas (Homero, Cheever, Borges, Valente, Cernuda, Adorno, Hemingway, Miller, Rimbaud...). El invierno como metáfora del dolor, del abandono, de la duda en todas sus proyecciones posibles. El invierno como estación de penitencia o estación parada en la memoria. Y sí, la duda. La duda ante los duros relieves de la existencia, ante el mar insondable del amor (el amor a medio hacer), ante la carga que supone ser sin ser quien Eres. La duda que explica la naturaleza reflexiva de esta poesía, la indagación en los cómos y los porqués, como en este comienzo de uno de los textos más logrados: Lo cruento de las historias no es el asunto, ni los prolegómenos, ni siquiera el desenlace. Lo realmente salvaje es la humanidad de todo ello. Esta soledad del ser, este desamparo se vuelve acuciante en el discurrir cotidiano de los días: las voces del mercado, la lluvia en el cristal, los coches orillando las aceras, la terraza con su quietud recriminatoria (como en el poema "Recluso": Yo he optado definitivamente por no salir de nuevo / a la terraza...). Y pese al dolor, pese al naufragio, no hay renuncia al pasado, ni al lastre que comporta. Renunciar a él, en pos de un futuro falso, es la impostura de quien cree saber lo que en verdad ignora. Así en "No sabe despedirse": Si yo pudiera, como ellos, despedirme de la historia, / dejar estos recuerdos lo mismo que leemos otro libro, / quizá fuese distinto, tuviese ya otro nombre / y tú fueses cualquiera...
.....Mucho más se podría decir de este libro, prueba evidente de que hay que estar atentos a la trayectoria poética de María Alcantarilla. Pero prefiero concluir estimulando a sus potenciales lectores con el que estimo el mejor poema del libro:
...

MEJOR NO
...
He venido a buscarte hasta el pasado
y todo se ha cubierto de una lámina de voces indistintas
llamando por el nombre a quién, allí, pregunta
por su haber, por su conciencia: María.
He venido sin tirar migas al suelo
como el niño dispuesto a perderlo todo en el camino:
una flor, un caramelo,
el libro con palabras donde entonces
leíamos en alto nuestra suerte:
seremos, ¿era aquello?
He venido a buscarte hasta la últimas esquinas
de un tiempo plagado de nostalgia,
una luna de entonces extinguida,
un deseo abisal de ser yo mismo
a pesar de quien me toma,
quien camina hasta mis pies
como una tumba abierta a la tristeza:
remota, sin presente.
He venido, ¿no lo ves?, a rescatarme,
a urdir un nuevo plan donde sea acaso
mejor no regresar si no es contigo.

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