domingo, 20 de julio de 2014

Silencio, lecturas y fragua de versos

Disculparán los lectores de estos Silenos el silencio prolongado. Si hasta hace un mes se debía a que otras ocupaciones me tenían cautivo, ahora se debe a que no tengo más acceso a la red que esta cafetería aledaña a un centro comercial, cercano a la zona de playa donde suelo pasar parte del verano. Si a ello añadimos que nunca hemos querido televisor en esta estancia estival, el resultado es una jornada larga, plena de lecturas y escritura, con alguna visita (obligada) al cine de verano. Me he traído cuentos de Chéjov (en la edición de Paul Viejo) y Thomas Mann (en Edhasa), obras de Italo Calvino para relectura, el Rojo de Pamuk y poesía francesa en Gallimard (Paul Éluard y otros). Ando además a la zaga con varios versos que una vez se presentaron, se enquistaron e insisten en permanecer en el limbo de los versos solitarios, impidiendo que aflore el resto del poema. Creo que fue JRJ quien dijo que las Musas insuflan el primer verso, pero el resto es trabajo, duro trabajo ("canto obstinado") de taller. Cincel y martillo bajo el sol, apremiante, del Mediterráneo.

sábado, 5 de julio de 2014

Leyendo al Italo Calvino de la Resistencia

Leo en esto días El sendero de los nidos de araña, la primera novela de Italo Calvino, escrita allá por la década de los cuarenta del siglo pasado, después de su experiencia como miembro de la Resistencia. El niño Pin se vanagloria de ser hermano de la Negra del Carrugio Lungo, una prostituta fea a sus ojos fraternales, pero que, sin embargo, ejerce con cierto éxito lo mismo con indígenas de la Italia desolada que con soldados alemanes. El niño Pin roba una pistola a un cliente alemán de la Negra, paga por ello con una estancia en la cárcel, se fuga y se incorpora a un grupo de partisanos, entre los que destacan el Trucha, Lobo Rojo y el Zurdo. Por aquí ando en la lectura, ya mediado el libro. Dista mucho este Calvino del de Las ciudades invisibles, Todas las cosmicómicas o ese experimento literario (no el único) que es El castillo de los destinos cruzados. El autor afirma en el prólogo a la edición de junio de 1964 que este libro es un catálogo representativo de las cualidades y defectos del neorrealismo. Ahora que se festeja (¿?) el inicio de la Primera Guerra Mundial, imagino al joven Calvino en la montaña, fusil en mano, guardando experiencias y recuerdos de su guerra en el zurrón para, acaso, un libro venidero. Un libro de la Resistencia en un tiempo (meses después de la Liberación) en el que era acuciante escribir literatura de la Resistencia. Sin embargo, el tiempo suele ser implacable con las historias que están tan apegadas a un acontecimiento histórico de gran trascendencia. Sencillamente envejecen rápido y quedan ocultas por una pátina de moho. Por ello cuesta entender el afán de muchos escritores españoles por seguir hurgando en el fondo literario de la Guerra Civil española.