viernes, 20 de junio de 2014

Ángel Crespo en Campo de Agramante

Eres tu mi maestro, tú mi autor:
eres tú solo aquel del que he tomado
el bello estilo que me diera honor
(Dante, Divina comedia, Infierno I 85-87. Trad. A. Crespo)
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Trae la última semana de la primavera el recuerdo de otro ángel poético. Con el sol ya en declive alzado sobre la balaustrada de la Alameda Apodaca, desde el salón de actos del Centro Cultural Reina Sofía veíamos el mar rizado de poniente. Mar al otro lado de los balcones; dentro, un campo fértil que llega desde la campiña jerezana: Campo de Agramante, la revista literaria de la Fundación Caballero Bonald. La gaditana Fundación Carlos Edmundo de Ory acogía el acto de presentación del número 19, dedicado a Ángel Crespo, poeta, traductor y crítico de arte. Más de cien páginas sobre la figura y obra de un poeta de grandeza poco reconocida en esta España tan corta de miras literarias en vida de los autores, pero tan propensa a las florituras en la póstuma pervivencia. He aquí las aportaciones notables de esta entrega:
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- "Ángel Crespo: poesía y humanismo" (José M. Caballero Bonald).
- "La natural emoción de Ángel Crespo" (Antonio Colinas).
- "Primera poesías: entre el juego postista y la especulación simbólica".
- "Poesía y porvenir"  (Ignacio García Crespo).
- "Los espejos del aire" (Juan A. Masoliver Ródenas).
- "Ángel Crespo y Juan Ramón Jiménez. Los dioses descielados" (Soledad González Ródenas).
- "Los trabajos y los días. Fragmentos de un diario" (Ángel Crespo).
- "Cabalgando un buey solitario" (Clara Janés).
- "Ángel Crespo, crítico literario: poética y pensamiento crítico" (Jaume Pont).
- "Ángel Crespo y la crítica de arte: su trayectoria" (Pilar Gómez Bedate).
- "Armonía de las bóvedas florentinas, fraternidad artística y forma humana. Una flor para Ángel Crespo y su poesía, desde Florencia" (Cristina Isoldi).
- "Ángel Crespo traducido por Arthur Terry" (Gareth Walters).
- "Biografía de Ángel Crespo, hombre sinónimo de libro" (José María Balcells).
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Añádanse, para enriquecer el volumen aún más, poemas inéditos de Antonio Colinas, Jaime Siles y Antonio Lucas, así como las habituales "Notas de lectura" o reseñas de libros recientes.
El acto de presentación, a cargo de Jesús Fernández Palacios y Josefa Parra, contó con la inestimable presencia de la viuda del poeta, Pilar Gómez Bedate, que habló de sus poemas primeros y la consideración que a Crespo le merecían. La acompañaba en la mesa un amigo de ambos, el escultor e ilustrador Fernando Navarro, quien evocó la convivencia amistosa y fecunda en el pueblo de Calaceite (Teruel), donde Ángel, Pilar y Fernando tenían residencia. Fernando, además, ha ilustrado la revista homenaje al amigo.
Concluido el acto, unos cuantos insatisfechos continuamos la conversación entre vinos y tapas al aire apacible de la noche. Descubrí que, además de la admiración por el excelente traductor de Dante, otros vínculos me unían a Pilar Gómez, Fernando y su esposa Pilar: el pueblo de Alcañiz, cercano a Calaceite, adonde labores profesionales me han llevado al menos en seis ocasiones en las últimas dos décadas. Hemos quedado en vernos allí, o en Calaceite, el próximo año. Será un placer seguir hablando de Ángel Crespo con quienes tan bien lo conocen.

jueves, 12 de junio de 2014

Lanseros y Valverde aplacan el levante

La presentación de libros de poesía tiene algo de epifanía en diferido, algo de alumbramiento ya tardío. Y también de titánico esfuerzo por mostrar lo que brotó un día, cada vez más lejano, acaso en la soledad de un parque, o en mitad de un tumulto inspirador de soledades. Ayer, casi mediado junio, el viento de levante (por el brazo ejecutor del Centro Andaluz de las Letras) trajo a Cádiz a dos poetas andaluces cuyas voces ya forman parte del páramo poético. Raquel Lanseros, curtida en versos y premios, y Fernando Valverde, no menos favorecido por las Musas y procurador de encuentros donde la poesía habla y callan los poetas. Fueron presentados, respectivamente, por otros dos vates del Sur: Luis García Gil y Javier Vela. La tarde, ventosa e impertinente, contuvo su ímpetu y amainó durante el acto, dejando el tiempo adelgazado en un susurro, grato susurro. Raquel celebraba la vida y sus bondades, porque Las pequeñas espinas son pequeñas, mientras que Fernando abundaba en La insistencia del daño por madrugadas, ayeres y precipicios. Qué proeza venir a cantar versos en tardes de azote levantisco. Qué placer haber compartido esa calma, ese sorbo de agua en el secarral de este tiempo español tan anodino.