viernes, 19 de diciembre de 2014

Reseña de la 'Obra completa' de Francisco Pleguezuelo

.....Si meritoria labor es que una editorial pequeña siga editando libros en tiempos de zozobra, más que meritoria resulta cuando el fruto del tórculo no es mercancía para abarrotar palacios de congresos en mediáticas presentaciones. Por ello es menester empezar con un justo aplauso, un amical soplo de aliento, al trabajo de Quorum Editores, que corona el año 2013 con la obra completa de un autor de escasa nombradía, pero digno de figurar in toto en su ya extenso catálogo.
.....Apenas se asoma el lector a la vida del gaditano Francisco Pleguezuelo (1928-2008), descubre que este tuvo parte (junto con sus amigos Fernando Quiñones, Serafín Pro Hesles y Felipe Sordo Lamadrid) en el nacimiento de una revista de poesía esencial en el medio siglo XX español, Platero, continuación en letras de molde de El Parnaso, cuyos números (más nueve ya bajo el título de Platero) habían salido mecanografiados por una vieja Remington por el mismo grupo de poetas. En ese ambiente, con el estímulo de colaboradores ya consagrados, como Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti o Vicente Aleixandre, y el de otros que por entonces regaban sus laureles, como Ricardo Molina, Pablo Baena, José Caballero Bonald, Carlos Edmundo de Ory, Pilar Paz Pasamar o José Luis Tejada, fueron adquiriendo ─en palabras de Serafín Pro─ “saberes y amistades”. Contaba Pleguezuelo veintidós años cuando en el nº 31 de Platero (marzo de 1950) apareció su poema en prosa “Caleta”, en el que hay una temprana prefiguración del vínculo estrecho que mantendrá durante toda su vida con el mar, la pesca, las barcas y los vientos rolantes, ya sea en Cádiz, en Chipiona o en Rota.
.....Mas no había de durar aquella intensa actividad literaria de los años juveniles, ya que pronto su vida adquiere nuevos derroteros. Se licencia en Derecho en Sevilla (1956), se asocia con su hermano Antonio en una empresa de construcción y contrae matrimonio con María Josefa Pernudo (1961), con la que tendrá cuatro hijos. La elección de Sevilla como ciudad de residencia debió de rematar la faena, pues dejaba en el sur, junto con el mar de Cádiz, amistades y tertulias poéticas. Daba comienzo así un largo período de mudez literaria del que irá saliendo a finales de los ochenta y, especialmente, a partir de 1993, año de su jubilación. Por entonces Pleguezuelo se refugia en los libros y recupera la vocación que había vibrado en los años de Platero. Sin duda, como afirma Rogelio Reyes en la introducción (p. 19), ello explica que la memoria y la nostalgia sean los motores de la creación en su obra.
.....Obra completa es compilación póstuma, llevada a cabo con mimo por Alfonso Pleguezuelo, sobrino del autor. Las secciones El Parnaso (I) y Platero (II) contienen las prosas líricas, los poemas y otros escritos aparecidos en las revistas entre 1948 y 1952. El olor de la seba (III) es el libro de relatos que publicó en Sevilla (Fundación El Monte, “Colección Literaria”) en 2004. Los capítulos siguientes ordenan el resto de la producción, que permanecía inédita casi en su totalidad: El mar con Cádiz al fondo (IV), Guadalquivir arriba (V), Nerja (VI), Memoria de la taberna (VII), Historias de Juan (VIII), Círculo literario (IX) y Para mi sobrina (X).
.....Las cinco décadas que median entre Platero y los primeros escritos de los años noventa permiten observar la evolución del escritor en lo conceptual y lo formal, así como detectar algunas de sus tempranas influencias. Modernista es el tono de la primera pieza, “La gruta encantada”, publicada con veinte años, que no solo enraíza con el tema tradicional de la cueva, homérico y cervantino a la vez, sino que también evoca el poema “La fuente” de Rubén Darío. El joven Pleguezuelo deja correr la incontinencia adjetival: “La espantable negrura del techo destacaba los bellos cendales que como inmensas cortinas de tul petrificado” (p. 32). Ecos de Juan Ramón Jiménez se aprecian en los hexasílabos de rima asonante de “Barrio”: “La verde campana / se mece en la torre / con sones de plata” (p. 39) y en prosas líricas como “La enfermita”, que no puede desvincularse de las imágenes tristes de la infancia de Platero y yo (“El niño tonto”, “La tísica”, “La niña chica”). Acaso de color lorquiano sea la escena final de “Agua de luna”: “─Hija, ¿adónde fuiste, hija mía? ─Padre… la noche era hermosa… el mar… ¡había agua de luna, padre! Quise cogerla y huía. Huía siempre…” (p. 71). Y la gacela de la canción de Alberti parece haberse mudado en la prosa marinera de “La goleta”: “¡Gacela de azules prados, con la lanza del bauprés clavada ya en el corazón del rumbo!” (p. 76).
.....El olor de la seba, sin duda el conjunto más acabado, ofrece composiciones en prosa, de tono lírico muchas de ellas, “a medio camino entre el poema en prosa juanramoniano y la escena de costumbres”, en palabras de Aquilino Duque (p. 86). Si algo predomina en estos escritos es la memoria del autor, la autobiografía como base de la ficción, sin que sea fácil deslindar una de la otra. Este libro y los escritos reunidos bajo el epígrafe El mar con Cádiz al fondo tienen como protagonista la ciudad de Cádiz, especialmente su mar (también Chipiona y Rota, geografía costera que Pleguezuelo frecuentó como veraneante y pescador). “Nostalgia”, texto inicial de El olor de la seba, señala simbólicamente el desarraigo en aguas fluviales (Sevilla) del gaditano y marinero que, como Alberti en Marinero en tierra, siente la llamada del mar: “Un día de estos, muy pronto, volveremos al mar” (p. 87). Colorea estos recuerdos toda una galería de personajes: pescadores de caña y embarcación, mariscadores, marineros de carrera, emigrantes, vendedores de ultramarinos, taberneros, golfos...; muchos de ellos identificados por nombres y apodos: Los Tutas, Vicente el vendedor de muergos, Juan Blanco el Pájaro, El Che, El Pieleón, Jacinto el Acedía, Antonio el Largo, Manuel Castaño el Balín, José Gómez el Demonio, Chelete, etc. Entre tantos recuerdos vinculados al mar a veces surgen otros de vivencias en tierra firme, como la evocación cariñosa de sus profesores en el colegio San Felipe Neri  y en el instituto Columela (don Raimundo, don Cipriano, don Miguel Martínez del Cerro, don Bernardo Perea, don Julián Alonso); las tertulias literarias a las que asistía, con mención de participantes y temas de discusión (por ejemplo, en los relatos “Pedro Ardoy y el Clavileño” y “Lorenzo Cherbuy y el Habanero”); la estampa de ciudades visitadas (“Granada era una ciudad triste”).
.....Guadalquivir arriba agrupa trece relatos ubicados en Sevilla. Son historias simples, que parecen responder a la sola pretensión de dejar fijados por la escritura retazos de escenas cotidianas. Como la de La Reme, que curó a un polluelo de cigüeña (“La cigüeña”); la del caballo abandonado en la Feria de Abril (“Réquiem por un caballo”); la del deterioro e incendio posterior del navío Ulises en la dársena del Guadalquivir (“Canción triste para un barco abandonado”); o la del encuentro del propio autor en la Fuente del Gallo, en los Reales Alcázares, con una dama inglesa que da de comer a un pato, mientras él anota en su libreta el embrión del relato mismo que tiene a la vista el lector, bajo el título provisional “Leda en el Jardín de los Poetas”. La datación final de algunos de estos escritos nos proporciona un marco temporal que abarca, al menos, entre 1998 y 2007, un año antes de la muerte de Pleguezuelo.
.....Después del paréntesis de Nerja, con tres historias ambientadas en los estíos en  la bella ciudad malagueña (“El belga de las cometas”, “Morgen, teide”, “Verano del 83”), en Memorias de la taberna hay un retorno a Sevilla. El escenario común es ahora la taberna o el bar sevillano (en especial, el Bar Celso), con su afluencia de parroquianos peculiares; entre otros, Conchita, la gitana florista que había vuelto de las Américas y voceaba sus “¡Jarmine, jarmine!” como antaño hizo otra en la Sevilla cernudiana al grito de “¡Clavele, clavele!” (p. 424); Luis de Ávila, singular consejero de comerciantes; el lisiado Panocha, trabajador del circo Bruxela; don Áureo, el practicante, que espetaba latines jurídicos ante la ignorante concurrencia; o Paco Panduro, alias Vitrales, el mariquita de cabello azafranado que ejercía de guía turístico.
.....La serie Historias de Juan constituye un giro en el libro, al menos en la presentación y vínculo de los relatos. Se trata de seis historias protagonizadas por el mismo Juan, el hijo del agricultor apodado Pancaliente, en un escenario ahora rural, pues se extiende desde la campiña ecijana hasta la Sierra Norte de Sevilla. Ex combatiente de la División Azul en Rusia, maestro de escuela, tahúr y juerguista: he aquí los mimbres de estos juanes que son seis en uno.
.....En Círculo literario se reúnen tres artículos publicados en la prensa sevillana entre 1998 y 1999 de indudable interés literario: “El abrazo de Conte”, “Sobre Fernando Quiñones” y “Un relato de Juan Ramón”. El primero recrea una disertación sobre escritores gaditanos a lo largo de la historia pronunciada en 1951 ó 1952 en el patio de la facultad de Medicina de Cádiz por el benemérito Augusto Conte y Lacave. Allí estaban todos los miembros de Platero: Fernando Quiñones, José Luis Tejada, Felipe Sordo Lamadrid, Pilar Paz, Julio Mariscal, José Manuel Caballero Bonald y, cómo no, Pleguezuelo. El segundo es una semblanza de Quiñones a partir de las cartas que este le envió en los años ochenta. Publicado en El correo de Andalucía en julio de 1999, constituye un homenaje al amigo fallecido un año antes. El tercero revela los contactos establecidos entre los responsables de Platero y Juan Ramón Jiménez, entonces residente en Puerto Rico, para que el maestro colaborara en la revista, así como la anécdota en torno a la identidad de Ciríaca Marmolejo, personaje de un relato del moguereño que apareció en el nº. 19 de Platero.
.....Cierra el volumen un breve poema dedicado a su sobrina (“Para mi sobrina”), escrito hacia 1977. Publicados en las citadas revistas (salvo este último), en el libro tan solo se cuentan seis poemas en verso, siendo además la parte menos lograda del volumen.
.....Como se ha dicho, el estilo de Pleguezuelo se acerca a menudo a la prosa juanramoniana y a la estampa lírica, con alta complacencia en el paisaje y en la pintura de costumbres. Sin embargo, muchos de estos escritos, con su marchamo autobiográfico, apuntan al género memorialístico. Con este volumen se reconstruye, grosso modo, la peripecia vital del gaditano, porque sospecho que en sus escritos hay poco espacio para la ficción. Por otra parte, si admirable es el manejo de un lenguaje fecundo en términos propios de la pesca y la marinería, no lo es menos que utilice con desenvoltura el léxico de otros oficios que le son ajenos, como el de boticario, zapatero o costurera. Como también merece destacarse que el color local de este libro no lo haya encorsetado tanto como para silenciar las voces de escritores y artistas que aparecen en sus páginas, lo cual da fe de los intereses culturales de Pleguezuelo: John Milton, Edgar Degas, Góngora, Emilio Salgari, Cervantes, Camilo José Cela, Marcel Proust, Juan Antonio Zunzunegui, Cenni di Pepo Cimbaue, Giotto di Bondone, Luis Cernuda, Rafael Alberti… Y el humor que impregna muchos de los relatos, entre los que descuella uno de los mejores: “Casilda o la teta en el torno”.
.....Respecto de la edición, no entiendo (salvo que sea por voluntad propia) por qué no figura el nombre de Alfonso Pleguezuelo en la portada. Por otra parte, echo en falta varios escritos de Francisco que aparecieron en números de Platero. Me refiero a “Caleta” (nº 31, 1950), el poema “IV” (“Tallé tu cuerpo sobre el árbol vivo”… [nº. 32, 1950]), “Barca abandonada” (nº 38, octubre 1950) y las traducciones que hizo de fragmentos de The waste land y Portrait of a lady de T. S. Eliot (nº 16, 1952; nº 18, 1953) y de varios poemas de Paul Eluard (nº 21, 1953; nº 24, 1954). Todos estos textos están publicados, bajo la autoría de Pleguezuelo, en M. Ramos Ortega, Platero. Revista Literaria Gaditana, 1ª época (vol. I), 2ª época (vol. II), Sevilla, Fundación el Monte, 2000.
.....Aunque el tono autobiográfico resulte a veces monótono y el localismo encorsete las historias, se trata, en suma, de un libro atractivo, rico en los matices menudos de la gente de la calle y escrito con soltura y honestidad. El libro de un escritor que prefirió a la postre recluirse en la memoria, tan vasta y anchurosa como el mar del sur que tanto le gustaba: “Me gusta el mar, los peces, los barcos, las algas y las caracolas, las anclas oxidadas, el ritmo musical de la marea y, naturalmente, ¿cómo no?, los pájaros marinos” (p. 315).

Francisco Pleguezuelo
Obra completa
Introducción de Rogelio Reyes
Quorum Editores, Cádiz, 2013.

Reseña publicada en Campo de Agramante 20 (primavera-verano, 2014), pp. 142-145.

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