sábado, 13 de diciembre de 2014

La muerte de Rafael (Fito) de Cózar

Prematura, estúpida y repentina. Tres mezquindades de la muerte que se han conjurado para llevarse, en la tarde de ayer, a Rafael de Cózar (Fito para los amigos). Conmocionado aún por la noticia, constato una vez más que estos avisos, cuya frecuencia en los últimos años duele, son para todos. Mañana, esta misma tarde, la próxima hora, los minutos siguientes constituyen un territorio incierto, un espacio que no se nos regala a priori. Con lo que cuesta armar una vida y con qué rapidez se derrumba, se deshace y comienza su triste andadura hacia el olvido. Fito era un hombre alegre, afectuoso, culto, devoto de esa fe verdadera que es el disfrute del instante fugaz. Hace un par de años, después de una velada con otros amigos en un bar de la calle Regina de Sevilla, tuvo el detalle de enviarme un PDF con su libro Piel iluminada (Sevilla, 2008), con poemas eróticos y bellas ilustraciones suyas, testimonio de esa poesía visual que tanto le gustaba. Sirvan estos versos de ese libro como homenaje póstumo:
...
Méretrice, écoute moi:
Je dois mourir,
y quisiera doblarte por los pliegues de la vida,
romper mi brazo entre tu selva,
arrastrarme y ser la lluvia en tus torrentes.
Méretrice. Dix Francs. Écoute moi:
llegar a ser el negro escarabajo de tu mundo,
clavar mis dedos en el barro duro de tu
cuerpo,
ser la antena de un barco hundido en tus
ojos,
Méretrice des yeux d'or, te lo ruego,
¡Déjame nacer de nuevo entre tus pechos,
doblarte y retorcerme, Meretrice,
soy un triste caminante de tus pasos,
aún no sé nadar
y quiero ahogarme en tu pantano.
Méretricel écoute moi. Je dois mourir.

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