domingo, 21 de diciembre de 2014

Con Rosalba Campra en un Cádiz opaco

Rosalba Campra
Raros días de niebla en la ciudad-isla. Raros porque no recuerdo un manto de grisura tan opaco, ni tanta perseverancia de esta espesura que no quiere abandonarnos. Anoche salimos Carmen y yo a un encuentro con Rosalba Campra, que ha pasado por Cádiz fugazmente. Venía Rosalba acompañando a Mariángeles Férnandez, Raúl Manrique y Claudio Pérez, del Centro de Arte Moderno de Madrid. En la víspera todos ellos habían atravesado en coche la niebla para adentrarse en esta ciudad con luz extinta. Aquí los esperaba Nieves Vázquez, amiga y coordinadora de las jornadas en homenaje a Cortázar celebradas el pasado noviembre en la Universidad de Cádiz en colaboración con la Fundación Ory. También los esperaba un Cortázar despiezado en ediciones, dibujos, fotografías y otros fetiches mostrados en la exposición "Territorios de Julio Cortázar". Debían recoger las piezas y retornar, de nuevo ganando cada palmo a la niebla, a Madrid. Tuve un rato de conversación grato con Rosalba, una de las escritoras antologadas en Después de Troya. Hablamos de Roma, París, Madrid; también de su minificción y mi trabajo en esta antología ahora en prensa. Hay encuentros inesperados que parecen guardar un vínculo misterioso. En la primavera pasada Alba Omil, otra escritora argentina que también aparecerá en Después de Troya, visitó Cádiz con su hijo y tuvimos tiempo para un tomar un café y conversar. Tal vez haya más citas aquí, tan lejos de todo. Tal vez mis antologados hayan decidido venir a Cádiz a comprobar si realmente existo, si soy algo más que un nombre y una cara en la nebulosa -esta sí inconmensurable- de la red.

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