domingo, 3 de agosto de 2014

De descanso y aforismos

En mi retiro estival, bajo poco a la playa, pese a tener una cala singular y pedregosa a pocos metros de la casa. Siendo de Cádiz, el mar ya es consustancial a uno, una suerte de segunda epidermis que se lleva de viaje. Aquí sobre todo paseo, leo y escribo. Mi cuerpo se ha entregado a la lascivia del sueño y mi mente, a la caza de versos furtivos y prosa esquiva. Como no puedo estar sin proyectos, ando ya metido en varios, iniciados unos, por iniciar otros. A ver cuántos culminan.

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Durante varios años, por razones universitarias, estudié la paremiología (latina y vernácula) de los siglos XV y XVI, cuyas formas de expresión (aforismo, sentencia, proverbio, chría, refrán, facecia, etc.) se convirtieron en literatura de moda entre las clases cultivadas, sobre todo por el marchamo de nobleza que imprimió Erasmo de Rotterdam a sus Adagia. Ahora, siendo estos tiempos tan diferentes, se observa un retorno al pensamiento atomizado, a la discontinuidad de la sapiencia. La presencia del aforismo en libros de los últimos años es prueba de ello, y no deja de sorprenderme que seduzca a críticos y editores. Y los lectores, ¿leen realmente estas supuestas agudezas de ingenio?

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