jueves, 12 de junio de 2014

Lanseros y Valverde aplacan el levante

La presentación de libros de poesía tiene algo de epifanía en diferido, algo de alumbramiento ya tardío. Y también de titánico esfuerzo por mostrar lo que brotó un día, cada vez más lejano, acaso en la soledad de un parque, o en mitad de un tumulto inspirador de soledades. Ayer, casi mediado junio, el viento de levante (por el brazo ejecutor del Centro Andaluz de las Letras) trajo a Cádiz a dos poetas andaluces cuyas voces ya forman parte del páramo poético. Raquel Lanseros, curtida en versos y premios, y Fernando Valverde, no menos favorecido por las Musas y procurador de encuentros donde la poesía habla y callan los poetas. Fueron presentados, respectivamente, por otros dos vates del Sur: Luis García Gil y Javier Vela. La tarde, ventosa e impertinente, contuvo su ímpetu y amainó durante el acto, dejando el tiempo adelgazado en un susurro, grato susurro. Raquel celebraba la vida y sus bondades, porque Las pequeñas espinas son pequeñas, mientras que Fernando abundaba en La insistencia del daño por madrugadas, ayeres y precipicios. Qué proeza venir a cantar versos en tardes de azote levantisco. Qué placer haber compartido esa calma, ese sorbo de agua en el secarral de este tiempo español tan anodino.




3 comentarios:

Anónimo dijo...

Curiosa variante del título de Raquel, que a ella, si lo lee, supongo le llamará la atención tanto como a mí. "Las pequeñas espinas" son, no "espinas" (que también), sino "pequeñas". Y no importa que el anonimato, vieja costumbre mía, impida la publicación de esta nota; basta con que, si como supongo es una errata, tú mismo la adviertas y (si quieres) la corrijas.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Hago una excepción, Anónimo, y publico tu comentario, de modo que puedo agradecerte públicamente la advertencia del error, más que errata. Porque aquí me ha traicionado el subconsciente. Precisamente estuve charlando con Raquel sobre el título, que es una mirada vitalista sobre las durezas de la vida. Su libro es celebrativo y a mí me costaba ver bondad en las espinas. Un saludo.

Anónimo dijo...

Pues muchas gracias por la excepción hecha conmigo. Si tienes ocasión y no lo has hecho, coméntale a Raquel tu curiosa variante; seguro que le hace gracia. Un saludo.