jueves, 29 de mayo de 2014

Otro poeta Ángel (Mendoza) y su luz de hoy

Hay poetas que labran su obra con callada dedicación, como si no quisieran hacer ruido con el martillo y el escoplo, y cada cierto tiempo asoman para regalarnos un poemario que es primor de ebanista, fruto en sazón. Es el caso de Ángel Mendoza, poeta de El Puerto de Santa María, cuyo quinto libro de poemas ha visto la luz en el sello Libros Canto y Cuento, la meritoria editorial jerezana que ha levantado otro poeta del Sur: José Mateos. Cuatro años después de su Pájaro negro (Siltolá), Mendoza vuelve con La luz de hoy a un tema que ya es medular en su poética: el tiempo. La niñez retorna como refugio luminoso frente a las sombras de hoy (Después, vuelta al Infierno / oliendo a Paraíso) y la memoria deviene reducto y bálsamo contra el paso acelerado y doloroso de la vida (Semáforo verde, / la vida que pasa). Poesía intimista y existencial, dolorosamente humana, que revela el desamparo creciente del adulto ante la vejez (Somos miedo que crece, / nostalgia de otra luna, / dolor de hacernos viejos). Ese desamparo cobra mayor dimensión cuando se toma conciencia de que una vida significa la renuncia a todas las demás, la insignificancia del hombre en el universo (Triste luz de bombilla / bajo infinitos astros). De ahí que la huida (¿hacia dónde?) sea una opción (Cualquier camino para susurrar / el idioma secreto de la vida). Pero no todo es sombrío en la visión del poeta. Luce la primavera en "Música de marzo" con reminiscencias machadianas (En las ramas de los sauces / el jilguero ha florecido, / los álamos blancos gritan / el verde azul de los ríos) y en otro poema de la estación florida, "Las palabras de mayo", se lanza un conjuro contra la desazón (Si mires donde mires / todo es agua podrida, / será que no encontraste / la llave de tu fuente). Lo mismo sucede en "Azúcar", cuya lluvia gozosa (está lloviendo azúcar. Mójate / del invierno más dulce de tu vida) contrarresta la lluvia sin ilusión de "Dos vidas"(Llueve sin ilusión y está la madrugada / limpiando las señales de un cuerpo que no es tuyo).
Los lectores de poesía deberían seguir el camino firme de este poeta, de este otro Ángel del verso español que, como Valente, clamaba en "Límite": Qué oscuro el borde de la luz / donde ya nada / reaparece".

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