jueves, 27 de junio de 2013

Hartazgo de microrrelatos y otras lecturas

He de confesar que ando algo saturado por la lectura sostenida a lo largo de varios meses de libros de microrrelatos. No exagero si afirmo que, entre noviembre y mayo, he leído completos entre cincuenta y setenta volúmenes, además de una docena de antologías. Guardo buen recuerdo de Kiriwina, de Ana Tapia, y hasta pensé reseñarlo en los Silenos, pero las ocupaciones más urgentes malogran muchos afanes. Como todo hartazgo conlleva su penitencia, ahora me cuesta acercarme a un microrrelato. Sé que es una indisposición transitoria y, en cuanto esté recuperado, me haré con los libros de Araceli Estévez, Manu Espada y Lola Sanabria. Mientras tanto me resulta más grato en estos días ventosos leer poesía, y en esa ocupación alterno los últimos títulos de Eloy Sánchez Rosillo, José Ramón Ripoll y Felipe Benítez Reyes. También ha llegado a mis manos el nº. 18 de Campo de Agramante, con una sección especial dedicada a Cernuda, cuya lectura va lenta y espaciada, como corresponde a una revista literaria. Llevo ya mediado el libro de memorias de Adrienne Monnier, del que ya adelanté algo en este blog, y he de decir (segunda confesión) que me está costando avanzar con Las frutas de la luna, de Ángel Olgoso, autor que hasta la fecha me ha seducido sin reservas. Serán estos primeros calores estivales, que nos dispersan y resecan la sesera. Con todo, justo es señalar (tercera confesión) que he concluido Cada cual y lo extraño, el último libro de relatos de Felipe Benítez Reyes. A falta de una reseña más detallada, diré tan sólo que es libro amable, sostenido hábilmente sobre dos pilares: la nostalgia (en ocasiones melancolía) y el humor. Maridar bien estos dos ingredientes para equilibrar la nave no es tarea fácil, pero Felipe es esforzado y ducho navegante.

sábado, 22 de junio de 2013

La muerte de Javier Tomeo

Ha muerto Javier Tomeo. En este apunte apresurado tan sólo deseo manifestar mi gratitud como lector, pues con pocos narradores he disfrutado tanto. A veces no es fácil discernir entre vida y literatura. Tomeo se ha ido al principio del verano, a pocos días del solsticio y de la fiesta de San Juan, cuando el calor empieza a ser mortífero y las moscas y mosquitos se confabulan para impedir el goce del sueño humano. Así le ocurre al protagonista de uno de sus microrrelatos ("La mosca estival"):

Ha empezado el verano y algunos se alegran. No lo entiendo. A mí el calor me aniquila. Ando siempre con la camisa pegada al cuerpo y se me deshacen las ideas...
...
Como le sugiere el personaje a la mosca, tal vez Tomeo se haya ido volando al encuentro de los mágicos fuegos de la noche de San Juan. Descanse en paz.


miércoles, 19 de junio de 2013

Traducción al francés

Caroline Lepage, de la Université de Poitiers, y Céline Rollero, de la Université de Bordeaux 3, han traducido al francés tres microrrelatos míos para el blog Tradaborgo: "El fotógrafo", "La lección" y "Cita pajarera". Para quien, como yo, considera el francés la lengua íntima de la poesía, este regalo de las colegas francesas es un regalo espléndido.

lunes, 10 de junio de 2013

Sentarse con el escultor Cornelis Zitman

Sentarse a esperar a quien un día prometió imposibles. Sentarse a descansar, mermadas las fuerzas y agostado el ánimo. Sentarse a contemplar el vuelo enigmático de las aves. Sentarse a leer un libro que palpita en las manos. Sentarse a... ¿Por qué siempre con un propósito? ¿Por qué no sentarse sin más, como sin más respiramos? Un acto tan simple, tan cotidiano, merece estar despojado de fines y liturgia. Acomodemos el cuerpo al asiento, hasta fundirnos con él en negro bronce, y abracemos la indolencia de los objetos.





(Exposición de esculturas de Cornelis Zitman 
en la Casa de Iberoamérica, Cádiz).

sábado, 1 de junio de 2013

"Yo aspiraba al Reino de Dios"... (Adrienne Monnier)

Monnier ante su establecimiento
En estos días en que se celebran ferias del libro por doquiera, leo las memorias de Adrienne Monnier (1892-1955), propietaria de La Maison des amis des livres, la célebre librería parisina que estuvo situada en el nº 7 de la rue de l'Odéon. Es un precioso volumen editado en 2011 por la Editorial Gallo Nero, con el título Rue de l'Odéon. No hace mucho me interesé por los comienzos de la que fuera su amiga y amante, Sylvia Beach, la fundadora de la célebre Shakespeare and Company y editora en 1922 del Ulises de Joyce. Libreras audaces, con visión de futuro, a
Las dos mujeres con Joyce (1920)
las que tanto deben la ciudad de París y la literatura de entreguerras. Cuenta Adrienne que su aspiración inicial no era ganarse a los autores que pasarían por su Maison (Joyce, Celan, Beckett, Rilke, Hemingway, Proust, Breton, Gide, etc.), sino sus libros: "Yo aspiraba al Reino de Dios; el resto me fue dado por añadidura". Durante los meses que viví en París el año pasado, a menudo paseaba por la rue de l'Odéon y la plaza del mismo nombre. Hoy una tienda de cosméticos ocupa el lugar de la Maison. Sin embargo, al otro lado del portal permanece la misma Galerie Régine Lussan, como puede apreciarse en la foto. Mueren los libros, pero sobrevive la imagen, la artística y la que retocamos con postizos en un intento vano de retrasar la vejez.