jueves, 5 de diciembre de 2013

Mendicidad y lectura, qué extraña pareja

Esta mañana he presenciado una escena insólita: una mujer que pedía limosna en un portal, detrás de un cartel con los archisabidos mimbres de la desgracia (el paro y cuatro hijos pequeños), estaba leyendo un libro voluminoso. Como tú, amigo lector, o yo solemos hacer en un parque, un jardín o el salón de casa. No pude evitar pensar en otras posibilidades: una lectura espuria como mera estrategia para la captatio, igual que los bebés que algunas pedigüeñas esgrimen como prueba de perentoria necesidad. O que el libro sirviese a esta pobre mujer simplemente como coartada para no levantar la vista, para no ver su desdicha en los ojos conmiserativos de los demás. Mendicidad y lectura, qué extraña pareja.

1 comentario:

Dyhego dijo...

¡Cualquiera sabe!