sábado, 28 de diciembre de 2013

Listas de libros al filo del año y abejas productoras

Las postrimerías del año muriente y los primeros compases del naciente son espacios de tradicional recapitulación, de rosario de cuentas de lo habido en los ámbitos más dispares de la vida. En el literario (asunto que ocupa al escribidor y a buena parte de los lectores de estos Silenos), tal recuento suele hacerse en forma de listas e índices de libros extraordinarios que asoman a los periódicos, los suplementos culturales y otras páginas librescas. Aunque hay juicios que responden al lector singular, ajeno a imposiciones crematísticas, lo habitual es que la proclama de los volúmenes meritorios publicados en el año venga acordada por un puñado de pujantes editoriales, metidas en la harina de la campaña navideña. Hoy, último sábado decembrino de 2013, Babelia y El Cultural de ABC se aplican a ello, desplegando ambos suplementos el marchamo de autoridad de críticos y escritores de varia naturaleza. Llegados a este punto del año nunca recuerdo el título de todos los libros que he leído, hayan sido o no editados en los doce meses precedentes; tampoco creo que, si los recordara, me resultase fácil establecer una pirámide cualitativa. Porque las luces que proyecta la lectura de un libro dependen en buena medida del acogimiento que le dispensa el ánimo mudadizo del lector. Lo cual se evidencia en las relecturas, que siempre traen consigo una nueva valoración asentada en otro tiempo y otro poso cultural. Así me ha sucedido con Madame Bovary, de Flaubert, y Ágata ojo de gato, de Caballero Bonald, releídas ambas más de veinte años después, engrandecidas ambas ante ojos míos tan distintos. Uno se pasa el año leyendo, libando de libros muy dispares, preparando el néctar propio a partir de tantas flores ajenas. Al filo del año cabe preguntarse si hemos logrado algo de ese dulce propósito. Antes que la suma de autores (Tomeo, Merino, Denevi, Zúñiga, Perucho, Olgoso, Benítez Ariza, Benítez Reyes, Rivero Taravillo, Baudelaire, Éluard, Poe, Tizón... son algunos que me vienen a las mientes), valdría más hacer recuento de las lecturas productivas, mientras en el aire de la biblioteca zumba la abeja clásica que cazara al vuelo Marc Fumaroli.

1 comentario:

Javier Perucho dijo...

Antonio,

agradezco infinitamente tu tiempo de lectura.