viernes, 8 de noviembre de 2013

En la muerte de Montse Gómez


Cuando los hados crueles nos arrebatan a los buenos (perdonad mi confesión),
me veo obligado a pensar que no existen los dioses.
OVIDIO


Vuelve a sonar en mi estudio la triste balada Violets in your furs de John Coltrane. Si no hace mucho fue por el viejo amigo, hoy es por ti, querida Montse, hermana y amiga. (Con el poeta Ovidio maldigo a los hados, esos que todavía nos exigen resignación y acatamiento, esos que nos arrebatan lo mejor de nosotros mismos, esos que nos dejan, y disfrutan con ello, el corazón tan maltrecho). Tenemos tanto que agradecerte. Recuerdo nuestros primeros encuentros; en especial la prudencia y el asombro discreto de tus ojos ante los modos de una familia tan distinta, tan distante. Qué pronto sentimos el brillo de tu sonrisa generosa, el deleite de tu trato exquisito, el calor de tu cariño sin fisuras. Sí, tenemos tanto que agradecerte. ¿Cómo no sentirnos en deuda impagable contigo, con la mujer que tanto amó a José Manuel, con la mujer que le mostró cuán amplio puede ser el horizonte de la dicha? Hay personas que pasan por la vida dejando honda huella en los demás. Tú, querida Montse, eres una de ellas. Te nos has ido sin irte; te has marchado quedándote en la risa, en la mirada, en los gestos de Darío y Julio, en el corazón hoy roto de José Manuel y de cuantos tuvimos la suerte de haber sido tu familia, tus amigos. Hasta siempre, querida Montse.

4 comentarios:

Inmaculada Moreno H. dijo...

Me duelo con vosotros. Yo sé el horror por el que debéis de estar pasando. Un abrazo

HLO dijo...

Te acompaño en el sentimiento, Antonio. Un fuerte abrazo.

Peana dijo...

Un abrazo para ti y para tu hermano.

Iván Teruel dijo...

Un abrazo, Antonio.