domingo, 4 de agosto de 2013

Amanece, y no es poco

Para mi hermano José Manuel, 
que tanto sabe de cine

Amanece, que no es poco. Quién no recuerda esa disparatada película de José Luis Cuerda, esa historia delirante donde nada es lo que parece. Los habitantes del pueblo crecen como coles en los huertos y, amantes de Faulkner, discuten en todos los foros como si estuviesen en la Academia Platónica; las mujeres se reúnen en sesiones semanales para denigrar al varón de turno; el maestro saluda a los niños al llegar a clase con epítetos homéricos; el borracho se desdobla burlón por las calles empinadas; el negro (hijo de mujer blanca) busca cada noche en las alturas "hacer bonita estampa" bucólica; el suicida sobrevive a cada atropello de camión... A este pueblo (fue rodada en Molinicos, Aýna y Liétor, en Sierra de Segura) llegan, para colmo del disparate, Teodoro, un engolado profesor universitario de Oklahoma en año sabático, y su padre Jimmy (un espléndido Luis Ciges). Estos personajes, que actúan como "testigos" de tan surrealista comunidad, comparten la primera noche cama en un hostal del pueblo y ahí se genera la frase más memorable del film (y una de las más memorables del cine español): "Tú me respetarás, ¿verdad, hijo?". Habré visto esa película unas cinco veces, y todavía la recuerdo con una sonrisa. Pero lo que más recuerdo desde que entré en la edad de las incertidumbres (como un ritornelo admonitorio) es la lección que ya asoma en el título: ver amanecer cada día es más que suficiente. Lo demás, si viene, vendrá por añadidura. En este verano atípico, y ahora que al fin miro de frente el Mediterráneo, pienso en el pastor Ngé, pelliza abierta bajo las estrellas, antes de que la Guardia Civil suba cada noche al monte a recogerlo, y envidio esa vida de gozosa simpleza. Y pienso en Carmelo, el borracho al que la Benemérita devuelve a la taberna, y me gustaría ser como él, volátil, socarrón, ubicuo. Pero como nunca seré lugareño de ese extraño pueblo, me conformo con los relumbres temblorosos del mar y su rumor cambiante y denso. Su latido perpetuo. 

2 comentarios:

Dyhego dijo...

Es una maravilla de película. Todos los diálogos, absolutamente todos, son dignos de antología.
Uno de los que más me gustan es cuando un aldeano solicita permiso parar leer al Faulk--ner (pronuncia Saza) y le deniegan el permiso alegando que no sabría cómo leerla y que no es la primera vez que se malogra una obra por no haber sabido leerla bien.
Y, al hilo del diálogo que citas: "me respetarás", también es memorable el punto y final de Ciges: "que un hombre en la cama es un hombre en la cama".

Dyhego dijo...

No me había fijado en tu advertencia.
Pues nada.