sábado, 24 de agosto de 2013

Agosto carece de aromas, carece de música

Se acerca agosto al final y, aunque el otoño no asome en el calendario hasta el equinoccio de septiembre, allá por el día 22, el final de este mes siempre ha tenido aires de viento barredor. Con él desaparecen forzadas metáforas del paraíso, construidas sobre la arena ardiente y el mar apaciguado, asentadas sobre tardes promisorias que se expanden más allá del adiós crepuscular. Agosto es un mes sin aromas, un espacio que, por inodoro, deja escasa huella en la memoria sentimental. Si no, decidme, ¿a qué huele agosto? Las fragancias que preludian el verano ya se fueron y aún no han llegado las que traen prendida la luz menguante del otoño. ¿Por qué no huele a nada agosto? Con el olor engranan el pasado y el presente, como engranan ayer y hoy con la música. Pero tampoco tiene agosto música memorable (aunque tenga mil músicas de efímero regocijo). Me esfuerzo en encontrar una fragancia, por débil que sea, una música, por fugaz que sea, que me lleve de la mano a los agostos infinitos de la infancia, o a aquellos agostos flamígeros de la adolescencia. Vano afanes míos. Por muy principesco, imperial y augústeo que sea agosto, sin olor y sin música no existe. Es sólo un paso forzado hacia septiembre.

2 comentarios:

Dyhego dijo...

¡Es verdad! Sólo se acuerda uno de agosto porque es verano. Es un mes tan pusilánime como noviembre.

ensondeluz.com dijo...

Hola Antonio,

Sí, es verdad que agosto transita fatídico hacia la vuelta al curro (para los que aún sois viejos). No obstante, el final de este largo mes me recuerda (y a veces los recrea de nuevo) las tormentas de mi infancia, ese olor a no sé qué de eléctrico en el aire (¿es el ozono?) y a matas silvestres mojadas, sobre todo cuando me pillaba por la sierra de Guadarrama o en la meseta segoviana. Pero también, casi al final de nuestras vacaciones escolares, en la huerta de San Juan de Alicante, cuando la gota fría acababa de pasar...