jueves, 25 de abril de 2013

El sueño mortífero

Hay sueños que matan. Esta mañana un compañero de trabajo me ha contado que hace unos días soñó con mi funeral con todo lujo de detalles, desde la noticia inicial, que provocó alguna que otra lágrima incluso en la nebulosa del sueño, pasando por la parafernalia del adiós postrero, hasta mi repentina resurrección... Porque, estando de cuerpo presente en el ataúd, llegó otro compañero, comenzó a hablarme no se sabe de qué asunto (aunque ambos sospechamos a posteriori que debió de ser de política) y el difunto que yo era se sintió aguijoneado y, cual Lázaro respondón, irguió la espalda y puso fin a las exequias. He de confesar que hubiera preferido que me soñara en otras circunstancias (los trances eróticos suelen dejar regusto) y que me ha contrariado mucho saber que resucito por tan poca cosa. Si al menos hubiese sido por unos macarrones napolitanos, como le sucede al bueno de Antonio (Marcello Mastroianni) en Maccheroni, la bella película de Ettore Scola... 

1 comentario:

Susana Camps dijo...

Es bueno saber que uno acaba/empieza así. Da buenas perspectivas. Y por el mismo motivo, me gusta mucho que esta entrada forme parte de "necrológicas". Es como si ya escribieras desde el día después...
Abrazos