lunes, 14 de enero de 2013

Javier Tomeo y los bestiarios

La lectura de los Cuentos completos (Madrid, Páginas de Espuma, 2012) de Tomeo, que tengo bien avanzada, me lleva a un terreno que he visitado y estudiado en ocasiones varias por razones académicas: la simbología animal. En este magnífico repertorio de la fauna fabulado por la pluma jocosa de Tomeo, merecen destacarse El bestiario y el Nuevo bestiario. Si en la primera de estas obras los relatos son más breves y responden a una mirada ficcional-naturalista, en el Nuevo bestiario Tomeo da un salto cualitativo. Con el recurso habitual del diálogo entre el animal y un interlocutor anónimo, trasunto muchas veces del propio autor y compilador de las historias, el lector asiste a un despliegue de erudición -sabiamente endulzada por la ironía y el absurdo- sobre la tradición simbólica no sólo en la tradición clásica (la fábula esópica, autores naturalistas como Aristóteles, Teofrasto, Claudio Eliano, Opiano de Apamea, Plinio el Viejo... son citados con frecuencia), sino también en la iconografía cristiana, deudora de los bestiarios medievales, con el Fisiólogo atribuido a San Epifanio a la cabeza. Mas no queda aquí la cosa: Tomeo contrasta los símbolos de la cultura occidental con los de la oriental, representada, entre otros pueblos, por Egipto, Etiopía, China o Vietnam, y los distintos animales muestran las dotes que les regaló Naturaleza, pero también el sambenito que les han colgado la superstición y la superchería. Si añadimos al citado Fisiólogo otras obras y autores de referencia cultural, como el Corán, la Biblia, el Panchatantra indio, Platón, Ovidio, Propercio, Cervantes, Goethe, Poe, Shopenhauer, Ruben Darío, entre otros muchos, podría pensarse que con todos estos mimbres se corre el riesgo de que la ficción quede engullida por la erudición. Sin embargo, he aquí una de las virtudes literarias de Tomeo: maridar esta información suculenta con las vicisitudes de los personajes, humanizados en sus temores y anhelos y también en sus nombres afectivos (Alejandrito, Robertito, Serafín, Florián...), y ofrecernos relatos en los que todo fluye con la naturalidad del arroyo. Pocos autores pueden dar tanto en tan pocas líneas.

Representación de la fábula "La zorra y el cuervo" en el Románico. 
Capitel de San Martín de Frómista (Palencia). Fuente: Wikipedia


2 comentarios:

Fernando Valls dijo...

Antonio, esa materia te daría para un artículo interesante que por tu formación puedes hacer casi mejor que nadie. Saludos.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Sí, Fernando, lo había pensado. A ver si saco tiempo para tantos proyectos como tengo entre manos. Un abrazo.