sábado, 24 de noviembre de 2012

Señales y amistad en sábado

Una amiga me escribe desde el otro lado de este espejo falsario, me anima al gozo de gozar con los pocos víveres de mi talega. Mi corazón, aturdido en estos días menguados, sabe que ese es el camino: salir a campo abierto y rodar por la loma, enfangarse en el hilo fluyente de un venero, beber vino bajo un acebuche centenario, estrenar la luz con cada parpadeo de asombro. Mi amiga me manda una señal sin saberlo. Detrás vendrán otras, lo sé, en una suerte de mise en abyme. Miro hacia la ventana del estudio, en cuyos cristales a veces pega su rostro picudo una gaviota oceánica. Parece que me espía; o tal vez se compadezca de mi espalda dolorida y sin plumas. Hoy aún no ha venido, mas espero esa señal inequívoca. Ayer logré escribir algo y revisar parte de lo escrito anteriormente. Trabajé sobre los recuerdos de un París neblinoso, el pálpito de la lluvia sobre mis pasos inquietos, la febril contención de los deseos. No es fácil reducir a teselas el gran mosaico de esta urbe. Y, sin embargo, quiero ver en este esfuerzo decidido otra señal, la pura invitación a conocerme en lo menudo, la firme exigencia de no seguir mirando entontecido hacia un infinito irrevocable.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Un poema inédito

Escribí estos versos hace meses, ante la imagen fugaz de un sueño. Aún no han pasado a libro alguno, pues andan en el limbo literario de la indefinición. En los últimos días se me ha cruzado de nuevo la imagen, cual Dafne perseguida por Apolo. Los traigo aquí y dedico a todos los Apolo perseguidores y a todas las Dafne que huyen, huyen, huyen...


FUGA Y EPIFANÍA

Si detrás de la risa no te hallo,
es que no estás aquí, donde nosotros,
sino en el lado oscuro del recuerdo.
El gesto complaciente no te hospeda,
es máscara vacía, resonancia
alegre que percute en el silencio.

Al seguirte me abismo en los cristales,
por el fondo del mar te veo en sueños,
inasible y veloz, de tan marina.
¿Acaso se te alcanza en las honduras,
con pronta transparencia revelado,
el misterio que arriba no transige?

Si ahora refrenases tu carrera,
mi sombra buscaría guarecerse
debajo de tu sombra
(confieso que este afán es mi condena).

Allí donde la música suspende
sus notas concordantes en el aire,
allí donde se tiñe de crepúsculo
la quietud vespertina de las aves,
donde rinde la luna sus secretos
a los fieles corsarios de la noche,
allí te me apareces como
.......................................... isla
temprana y sin ropajes,
desnuda en tu verdor de cicatrices.

(Imagen: Dafne, de María Carrera, 1004)

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Un microrrelato amable para tiempos inciertos



LA GLORIETA DEL SUEÑO

Cada noche de plenilunio, a una hora incierta, ella recorre descalza el pasillo del piso superior, baja las escaleras, abre la puerta y cruza la calle despreocupada. Cuando llega a la glorieta, él, que ya recorrió descalzo otro pasillo, bajó otras escaleras, abrió otra puerta y cruzó despreocupadamente la misma calle, hace mucho que la espera junto a la fronda dormida del viejo olivo. Sentados en el banco, entrelazan sus manos y anudan sus silencios. No es posible medir las horas en la glorieta del sueño. Luego ella vuelve sobre sus pasos sin mirar atrás, el camisón henchido por la noche lunar, y regresa a la cama. A la mañana siguiente suelen cruzarse camino del instituto, pero Selene y Endimión ignoran que en la oscuridad se aman.

(Del libro Fuera pijamas, Ayto. de Montcada - DeBarris, 2010.
Imagen: M. Enkell, Diana y Endimión, 1921 )

domingo, 11 de noviembre de 2012

Signos y sirenas en Berlín


A Carmen Valcárcel, Ángeles Encinar, Irene Andres-Suárez, Gemma Pellicer e Isabel Mellado, que saben descifrar los signos. En recuerdo de los días berlineses.
 
Vivimos entre signos, como los griegos antiguos vivían a merced de los oráculos. Ambiguos, ininteligibles para el profano, los oráculos indicaban la solución a los enigmas envuelta en un velo de confusión, cuyo desciframiento solo le era dado a las sacerdotisas en trance. Como las parábolas bíblicas solo son desveladas al iniciado en las Escrituras. Como los misterios de la diosa Hécate solo competían a los peritos en la magia nocturna de las encrucijadas. Vivimos entre signos.  Hablo en Berlín de las Sirenas aliformes que acosaron a Odiseo, salgo a pasear y en una calle me mira un cuervo, me ronda, me canta quizás en una lengua embustera. Aún no he resuelto el enigma del cuervo y una mujer se me acerca, conversa conmigo, seduce con su voz rumorosa al rey de Ítaca que descubro entonces en mí. La nave zozobra cuando vacila el capitán, cuando tiembla en la tormenta el timonel. Hablo de las Sirenas con Javier Perucho, que sabe conjurarlas. Otra tarde, cerca de Alexanderplatz, cae un fruto de un árbol delante de mí, trazando la verticalidad del otoño. Busco en el corazón del signo y me pierdo: necesito a una sibila que en su delirio me muestre el camino, la almendra de la vida. Un semáforo gira y gira como una veleta en Postdamer Strasse, y veo a Hércules en la encrucijada, ante el dilema de elegir entre la sabiduría y una existencia mundana. Otro signo. Regreso a la mujer-pájaro de la tradición clásica, a la sirena lasciva y antropófaga. El cuervo. La mujer. El fruto. El semáforo. Vivimos entre signos como ciegos en la bruma. 

(Semáforo "veleta" en Unter den Linden. Fuente: Silenos)

jueves, 8 de noviembre de 2012

Un poema

Escribí este poema en primavera, durante una larga estancia en París. Lo recupero hoy con el recuerdo puesto en otra ciudad para mí también luminosa.



PASAR POR LAS CIUDADES

Pasar por las ciudades sin dejar
rastro, ver con los ojos entregados
en cada plaza, en cada bulevar,
deslizar la mirada generosa
hacia el cielo por piedras verticales,
ofrecer el olfato a nuevas flores
de un día, peregrinas como el agua,
escuchar los sonidos y las voces
sin concierto, trabados en las calles...
Pasar por las ciudades tan huyendo
y creer que la vida se conjura
con la luz ilusoria de lo nuevo.    

...........................Place de la Sorbonne, mayo de 2012

(Detalle del Paris' Business Center en La Défense, París. Fuente: Silenos)

martes, 6 de noviembre de 2012

Berlín bien vale un microrrelato

Hace ya tres días que se clausuró el VII Simposio Internacional de Minificción celebrado en Berlín, y aún tengo el regusto en la boca. Por muchos motivos. Quienes por razones laborales estamos habituados a asistir a congresos sabemos que no todos son iguales, y que las prisas hacen que pasemos por muchos casi tan sólo para el trámite de presentar un trabajo. Esto ha sido diferente. A mi llegada el miércoles por la tarde al hotel ya sentí el calor de quienes iban a ser mis compañeros durante tres jornadas. Desde entonces todo fue a mejor. He aprendido mucho sobre los aspectos más variados del microrrelato hispánico (teoría, narratología, límites genéricos, fuentes literarias, relación con otras formas de narración breves...) gracias al trabajo de los mejores estudiosos. Pero todo encuentro científico tiene (afortunadamente) su cara humana. Podremos aprender y seguir profundizando en nuestra investigación, pero eso es nada sin el soporte afectivo. Por ello, en ese marco incomparable que es la ciudad de Berlín, me he sentido parte de una familia gracias a Carmen Valcárcel, Irene Andres-Suárez, Ángeles Encinar, Gemma Pellicer, Fernando Valls, Ottmar Ette, Dieter Ingenschay, Friedhelm Schmidt-Welle, Ginés Cutillas, Isabel Mellado, Raúl Brasca, Javier Perucho, Ana Rueda, Laura Pollastri, Francisca Noguerol, Lauro Zavala, Gabriela Espinosa, Mª Isabel Cortijo Delgado, Darío Hernández, Graciela Tomassini, Susana Salim, Guillermo Siles, Julio Prieto, Rose Seifert, Esther Andradi, Jorge Gómez Vázquez, Basilio Pujante, Kristian Trinav, Henry González Martínez, Juan Armando Epple...

(Esto es una breve crónica emocional, que es la que me pide el cuerpo. Con más reposo tal vez haga una científica).


(La foto, bajo la mirada de Simón Bolívar, 
está hecha en la sala del Instituto Iberoamericano de Berlín. Fuente: Silenos)

lunes, 5 de noviembre de 2012

Berlín


Berlín guarda secretos que escapan a las leyes de la física. Con la noche, bajo los altos miradores de cristal hay hombres que se palpan el corazón ante la súbita alarma de un estremecimiento. Animal escurridizo, el corazón se les escapa por las calles como agua inquieta. Pasan jóvenes acaso a la salida del cine. Es un pájaro que vuelve y se posa por un instante, un instante, un instante... Berlín guarda secretos que escapan a las leyes de la física.