sábado, 1 de diciembre de 2012

Diciembre y músicas primerizas

Primer sábado decembrino. En la tierra que me soporta, la bóveda celeste resiste a duras penas la pujanza de la luz, desparramada por ese gigantesco incensario colgante que es el sol. Suenan músicas y voces varias en mi casa. Tony Zenett, Casandra Wilson, Loquillo, José el Francés, Gabriela Ferri. El poder evocador de la música es tan poderoso como este esplendor diurno. Si un día gozamos de ella en circunstancias especiales, su repetición nos proporciona la recuperación de ese gozo recreado, aumentado y en sintonía con el pálpito de los nuevos días. Un puente entre dos instantes lejanos, hermanados tan solo por la gracia de la música. No hago planes para siempre. Me basta con mirar por esa ventana y escribir, antes de salir a la calle para comprobar que todo sigue estando en su sitio, que nada se ha mudado mientras yo me abandonaba al placer dudoso de las Musas. La música ayuda a sobrellevar todo tránsito, toda incertidumbre.

(El Pont au Change, al fondo, bajo la arcada del Pont Neuf. París. Fuente: Silenos)

1 comentario:

Marina dijo...

Gracias por compartir este sábado luminoso. El mío fue suave, como entra la luz de la mañana cuando nace e ilumina mi casa, también el amor por esa música que se adueña del espacio de afuera y de mi alma.