martes, 6 de noviembre de 2012

Berlín bien vale un microrrelato

Hace ya tres días que se clausuró el VII Simposio Internacional de Minificción celebrado en Berlín, y aún tengo el regusto en la boca. Por muchos motivos. Quienes por razones laborales estamos habituados a asistir a congresos sabemos que no todos son iguales, y que las prisas hacen que pasemos por muchos casi tan sólo para el trámite de presentar un trabajo. Esto ha sido diferente. A mi llegada el miércoles por la tarde al hotel ya sentí el calor de quienes iban a ser mis compañeros durante tres jornadas. Desde entonces todo fue a mejor. He aprendido mucho sobre los aspectos más variados del microrrelato hispánico (teoría, narratología, límites genéricos, fuentes literarias, relación con otras formas de narración breves...) gracias al trabajo de los mejores estudiosos. Pero todo encuentro científico tiene (afortunadamente) su cara humana. Podremos aprender y seguir profundizando en nuestra investigación, pero eso es nada sin el soporte afectivo. Por ello, en ese marco incomparable que es la ciudad de Berlín, me he sentido parte de una familia gracias a Carmen Valcárcel, Irene Andres-Suárez, Ángeles Encinar, Gemma Pellicer, Fernando Valls, Ottmar Ette, Dieter Ingenschay, Friedhelm Schmidt-Welle, Ginés Cutillas, Isabel Mellado, Raúl Brasca, Javier Perucho, Ana Rueda, Laura Pollastri, Francisca Noguerol, Lauro Zavala, Gabriela Espinosa, Mª Isabel Cortijo Delgado, Darío Hernández, Graciela Tomassini, Susana Salim, Guillermo Siles, Julio Prieto, Rose Seifert, Esther Andradi, Jorge Gómez Vázquez, Basilio Pujante, Kristian Trinav, Henry González Martínez, Juan Armando Epple...

(Esto es una breve crónica emocional, que es la que me pide el cuerpo. Con más reposo tal vez haga una científica).


(La foto, bajo la mirada de Simón Bolívar, 
está hecha en la sala del Instituto Iberoamericano de Berlín. Fuente: Silenos)

2 comentarios:

Gemma dijo...

Desde luego, a mí también me ha quedado una especie de resaca dulce tras el encuentro. Abrazos fuertes, Antonio

Jesus Esnaola dijo...

Me alegro de que lo disfrutarais, con esa breve cosquilla de la envidia.

Un abrazo!!!