martes, 4 de septiembre de 2012

Septiembre y la memoria

Aún septiembre trae olores de agosto, e incluso de julio, cuando ya mediaba el verano. Tienen estos días primeros del mes una naturaleza dual, como si Jano, el dios bifronte, situado en el umbral del trabajo, se despidiera y saludara al mismo tiempo. Recuerdo ahora un bistrot de la rue Lepic, en Monmartre bajo, donde solía tomarme una cerveza contemplando el paso fugaz de la gente. Solía fijarme en la fachada de un edificio de enfrente cuyas ventanas parecían responder a un mismo propósito: dejar su estampa en la retina del curioso. Cuando pienso hoy en las muchas horas que dediqué a pasear por los barrios de París, en lo mucho que contemplé en aquellos meses, casi todo se reduce a un puñado de imágenes difusas, entre las que destaca, con nitidez de fotografía digital, la de una anciana asomada a una de esas ventanas, sobre uno de los pocos balcones floridos del edificio y sobre los transeúntes que pasaban sin alzar la vista. En estos días de septiembre primerizo me pregunto si la memoria no tendrá como misión mostrarnos el trasunto de algo que no vemos, el símbolo de una realidad que no queremos ver.

2 comentarios:

Araceli Esteves dijo...

La memoria infla o desinfla a su antojo. Va por libre.
Abrazo pre-otoñal.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Sin duda, Araceli. Un abrazo.