En
la zona de Cabo de Palos donde paso estos días, pese a ser la cima de
una colina frente a la llanura del mar, a veces no hay más cobertura que
la de Febo-Sol, que sale por el horizonte bien temprano, chorreante de
agua marina, para recordarnos antes del desayuno que agosto es sudor en
rostro. No sé si será cosa solo mía, pero tienen estos días estivales
algo de preámbulo, de víspera cada vez más breve de un otoño que será
convulso, azotado por frentes tormentosos y colosal aparato eléctrico.
Serán causantes de tal terremoto celeste unas temperaturas más altas de
lo normal en las tierras de Hesperia. Como tengo unas ganas imperiosas
de que se haga, de una vez por toda, completa limpieza, espero que la previsión meteorológica, pese a lo adelantado de sus señales, se cumpla esta vez. Hasta tanto eso ocurra, os dejo este microrrelato
GRATITUD FILIAL
Hombre
de inquebrantable voluntad, mi padre sigue mandándome cada mes la paga
para sufragar los gastos de la carrera. Ahora que estoy a punto de
jubilarme, siento que no he sabido corresponderle como merecía. Por eso
estoy pensando en trasladarlo a un panteón de mármol de Caraffa que acaban de poner en venta en la Avenida del Empíreo.
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