sábado, 25 de agosto de 2012

Fuego y nieve en agosto (con permiso de A. Rivero Taravillo)

Agosto está siendo un mes de fuegos perdurables. A los incendios forestales en las islas y el continente, hay que sumar las llamas mantenidas (que serán avivadas en septiembre) por este Gobierno incendiario, y a todo ello, el calor insufrible incluso junto al mar. Para colmo, se nos dice frecuentemente desde el poder que somos unos pecadores poque hemos vivido por encima de nuestra posibilidades, nos hemos acostumbrado a la vagancia, malgastamos los recursos públicos, permitimos que no fructifiquen embarazos con graves malformaciones, nos oponemos a la segregación de sexos en la escuela... Todo lo cual nos lleva de cabeza al Infierno.  
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Ragtime, de E. L. Doctorow, y Baudolino, de Umberto Eco, son mis lecturas de narrativa de este agosto. Del segundo me quedan pocas páginas, y estoy disfrutando de las aventuras de ese embustero piadoso que es el protagonista. Quienes hayan leído el Libro de las Maravillas de Marco Polo y estén familiarizados con los prodigios de Oriente que imaginaron los hombres del Medievo desde Occidente, acompañarán con gusto, como hago yo, a Baudolino y sus amigos hacia el reino del fabuloso Preste Juan. En cuanto a la novela de Doctorow, he de decir que, salvo algunos elementos decorativos que no termino de ver (como la insistente aparición del escapista Houdini) y la previsible venganza del protagonista, me gustó el desfile de coches de época, personajes de vida turbia, psicoanalistas, políticos y anarquistas que sirven de fondo de pantalla a la familia de New Rochelle. Por cierto, la leí días antes de que comenzaran los incendios. No parece casualidad que el negro Calhouse Walker encauce su rabia incendiando estaciones de bomberos. Ya veis, hasta la literatura anticipa tan temibles ardores. Yo, por si acaso, hago votos para encontrarme en el Infierno, al menos, con Virgilio y Dante, y, si el toscano me lo permite, tener algo de grato con la etérea Beatriz. Mientras tanto, espero que el Gobierno dimita en pleno y los bomberos (los nuestros, no los de Doctorow) vengan felices a rescatarnos.

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Sin intención alguna, me traje entre los libros una antología de poesía de T. Tranströmer publicada por Nordica. Y he aquí que el título es Deshielo a mediodía. Leo los versos del sueco con la esperanza de que ese deshielo se demore mucho más allá, incluso hasta la hora más postrera de la tarde. La imaginación y la poesía son de los pocos bienes que nos quedan. Incluso en las sedes infiernales.  

(Donatus Park de Lovaina nevado 
en diciembre de 2009. Fuente: Silenos)

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