viernes, 6 de julio de 2012

Un libro, los artistas e intelectuales y los dislates de una traducción

He terminado la lectura del libro de Alan Riding, Y siguió la fiesta. La vida cultural en el París ocupado por los nazis (Galaxia Gutenberg, 2011). Lo he leído en suelo parisino, viendo con ojos de hoy muchos de los lugares que los alemanes creyeron suyos durante cuatro largos años. He imaginado los inmensos estandartes colgando de los muros del Palais du Trocadero, los coches oficiales de la Wehrmacht deteniéndose en la puerta del hotel Lutetia, o ante el majestuoso edificio de la Opéra Garnier. Delante de las placas que recuerdan en cada escuela elemental el exterminio, he imaginado el futuro de miles de niños judíos. Pero lo que más me ha costado imaginar es que la vida cultural de París continuara durante la ocupación al ritmo que narra Riding. Porque ese es el propósito de este libro: mostrar que la actividad cultural (cine, literatura, pintura, música, danza...) se mantuvo en su apogeo, pese a que se pueda pensar que sin libertad no florece una cultura. Cada lector debe responder a una pregunta clave: ¿seguir haciendo lo que antes de la ocupación hacían los escritores, actores, cineastas, músicos, pintores... es una acción censurable, es un acto de colaboracionismo? Se trata de un libro riquísimo en datos, como si Riding hubiera seguido los hilos del destino de cada uno de los miles de nombres que cita. Asisitimos, por ejemplo, al heroísmo del americano Varian Fry, al que con solo treinta y dos años se le encomendó viajar a París y salvar a cuantos artistas e intelectuales pudiera (y bien que cumplió); a la valentía silenciosa de Rosa Valland, la rescatadora de cuadros; a la silueta menuda de un lloroso Jean Cocteau, que teme represalias después de la liberación por sus vínculos con los alemanes; al antisemitismo de Céline; al cinismo de rico vividor de Sacha Guitry; al descaro de la actriz Arletty, que justificó en el juicio por colaboración su relación con un militar alemán con una frase memorable: "Mi corazón es francés, pero mi culo es internacional"; a la pericia para la supervivencia en tiempos tan espinosos de Picasso, Jacques Prévert o Gaston Gallimard; a la reinvención de su propio papel durante la ocupación de Sartre... La vida cultural siguió en París pese a la guerra, pese al invasor, pese a las deportaciones y encarcelamientos de judíos y resistentes, pese a que los alemanes intentaron a toda costa que la cultura francesa (admirada en todo el mundo) sucumbiese a la alemana. 
.......Es una lástima que un libro de contenido tan interesante y digno se vea desmejorado por la forma. Me explico: además de numerosas erratas (que disculpo, aunque son muchas), hay serios dislates y errores sintácticos, achacables no solo al traductor, sino también a la editorial por no haber revisado (¿o sí?) el texto. Pondré solo algunos ejemplos. Cada vez que aparece citado el apellido de Charles de Gaulle, la preposición va en minúscula (de Gaulle). Esto chirría sobre todo cuando justo delante la frase exige otra preposición: "era el texto del llamamiento de de Gaulle" (p. 137) o "las Fuerzas Francesas Libres de de Gaulle" (p. 161). Lo mismo ocurre con Nicolas de Stäel: "obras de Kandisky, César Domela y de Stäel (p. 205). Hay casos de expresiones acuñadas en español que aquí no se corresponden con lo esperado: "con actores que a bien seguro" (por "a buen seguro", p. 266), o "y se dedicaron a venderlos de bajo mano" (por "bajo mano", p. 283). También se observan muchas omisiones de la preposición a en los objetos directos de persona: "La historia termina cuando el ejército envía los alemanes" (p. 165). Añádase a todo esto la forma tan arbitraria de citar los títulos de obras literarias, teatrales, películas... Siempre van citadas en el original francés, pero una veces se añade detrás la traducción española entre paréntesis y otras muchas no. Entiendo que esto sí podría ser imputable al autor más que al traductor (es una mera conjetura, pues no tengo delante el original inglés), pues acaso Riding traduzca al inglés solo algunos títulos y estos son los que el traductor vierte al español. En cualquier caso, no entiendo tanto descalabro en un libro estupendo.

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