sábado, 2 de junio de 2012

Mucho, mucho ruido

En mis visitas anteriores a París no había reparado en algo que ahora me asalta a diario. Cuando se trata de estancias breves es frecuente que se escapen los detalles, pues hemos de comprimir un proyecto de viaje, con sus búsquedas de referencia indispensables, en poco tiempo. Ahora que llevo en la ciudad más de un mes, no hay día en que no me abrume el ruido colosal del tráfico. Lo mismo en los grandes bulevares, que en la calles pequeñas, la ciudad ha sido devorada por el murmullo infernal de los motores. Súmase a ello el constante clamor de las sirenas de la policía y los bomberos y, como hábito endiablado, la tendencia del parisino a tocar el claxon al más mínimo sobresalto en la circulación. Y sobresaltos se producen a menudo, porque el estrés y el cansancio confluyen en todas las esquinas. La irrupción de numerosas bicicletas complica aún más las cosas, pues, al menos en los arrondissements más céntricos, los que pedalean no disponen de una red de carriles adecuada. Sin embargo, los parisinos han aprendido a convivir con su tráfico ensordecedor, como prueban dos hechos cotidianos: que no hay terraza de restaurante, cafetería o bar, por muy cercana que esté a la carretera, que no se llene a todas horas; y que manifiesten tan notable dependencia a los teléfonos móviles, como si sus conversaciones tuviesen lugar en una sala acolchada. Pero he de decir que, si bien los mortales se han habituado a esta forma de vida, no parecen soportarla con igual acomodo otros seres de la ciudad, en cuyos rostros hasta hace poco solo había indolencia y ahora, si se mira bien, asoma un rictus de terror o, quién sabe, de rabia.  

(Relieve de una Gorgona en un portal de la rue Vieille du Temple; 
rostros del Pont Neuf. Fuente: Silenos)




2 comentarios:

Daniela V. dijo...

Optimo post,he vivido en Paris tiempo atras y todo es igual a como tu lo has descrito;la foto me ha causado mucha hilaridad es excelente y apropiada al post.Un abrazo.Daniela V.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Gracias, Daniela, por la visita y el comentario. Un abrazo.