viernes, 11 de mayo de 2012

Vagabundos de París

He terminado París insólito (publicado en español el año pasado por Seix Barral), que narra las tribulaciones del vagabundo Jean-Paul Clébert por las calles del París de 1952. En contra de lo que podría pensarse a priori, no es una historia de perderdores en el marasmo de la posguerra. Clébert es un clochard feliz, gozoso de su deambular miserable. Disfruta de los encuentros con sus compañeros de fatigas, con el sexo sórdido en los catres de las putas parisinas, con el relato increíble de un chamarilero o un ropavejero. Todo ello regado con tinto en los bistrós de un itinerario que, en buena medida, han borrado los años. París abunda en clochards. Los hay por todas partes, pero especialmente en los distritos del centro. Como entonces la posguerra, la sociedad occidental de hoy genera hordas de vagabundos. Bajo la estimulante lectura de este libro, he pasado cerca de ellos y me he fijado en sus caras. No todos, pero sí bastantes, sonreían. Tal vez no sean pocos los que, como Clébert, han elegido ser un clochard en París, antes que (pongamos por caso) un oficinista en una villa provinciana. El libro de Clébert revela que no todo son miserias en ese mundo aparte, un mundo del que nos espanta, a primera vista, la abrumadora suciedad.

(Vagabundo dando de comer a las palomas junto al Centro Pompidou. Fuente: Silenos)

3 comentarios:

Jesus Esnaola dijo...

Siempre he sentido una mezcla de atracción y repulsión por los vagabundos. Supongo que hay en ello una mezcla de desconocimiento, de superficialidad y de escondida certeza en que, tal vez, tengan más razón (o razones) de las que les queremos dar.
Recuerdo bien un bar junto a la fuente de la plaza Stravinsky donde bebimos, Ane y yo, una jarra de vino blanco que nos supo a gloria. Es hermoso París.

Un abrazo, Antonio!

Joaquín Parellada dijo...

Querido Antonio,
Déjame añadir que el traductor de este libro es mi buen amigo (también de Fernando Valls) Javier Albiñana (traductor, entre otros muchos, de Proust, Flaubert, Balzac... o del famoso "Bella del señor"). Seguro que una parte del interés que te ha despertado el libro, viene de sus palabras.
Un fuerte abrazo,
Joaquín

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Querido Joaquín, no conozco el texto francés originario, pero es muy cierto lo que dices: la traducción me ha cautivado. He pensado en todo momento que, para ser un vagabundo, escribía muy bien. Sin duda tu amigo tiene parte de buena culpa. Un abrazo.