miércoles, 30 de mayo de 2012

El grajo, el Sena y la fuente

Un grajo me ha precedido con vuelo rasante por la derecha en el boulevard de Sébastopol, acaso buen augurio de un día que se abre como promesa virginal. Pierdo su rastro y sigo el mío, el de otros días, camino del Sena. El ruido de la ciudad es compañero constante, bravucón a veces. Cruzo a la Île de la Cité por el Pont au Change, que abre sus ojos mañaneros a un río anchuroso en ese trecho, agresivo en los remolinos que lanza contra los pilares. Los turistas invaden el paso, proclaman su experiencia, fotografían los supiros. En el Pont Saint-Michel siempre me detengo, pues me gusta comprobar que las aguas ahí corren despaciosas, a pesar de estar más constreñidas por los márgenes de piedra. Apenas diez minutos más caminando en derechura y alcanzo la Place de la Sorbonne, donde tomo un café frente a los setenta y dos surtidores de la fuente, que se afanan desde las primeras horas por acallar con su rumoreo el eco de los coches. Dejo el maletín a un lado, saco mi cuaderno y busco un verso, el trazo fugaz de un pensamiento bajo un cielo cambiante.   

(Pont des Arts. París: Fuente: Silenos)

1 comentario:

Teresa J. dijo...

Conozco el Sena solo por fotografia o algun video que he visto en internet,me imagino que es un rio bellisimo donde se puede navegar romanticamente.Teresa J.