domingo, 27 de mayo de 2012

Cementerios y cuervos en París

En ciudades como París se evidencia una suerte de necrofilia turística. Sus tres grandes cementerios (Père-Lachaise, Montparnasse y Montmartre) son lugares visitados a diario, si bien es justo decir que el paseo y la búsqueda de las plazas de difuntos célebres suele ser reposado, grato y nada bullicioso. Son pocos los visitantes de la ciudad que optan por caminar un rato entre sombras y graznidos de cuervos, y contados los parisinos que prefieren estos espacios de recogimiento para leer o incluso correr en ropa deportiva.  
Me gusta especialmente el de Père-Lachaise, el más grande, derramado sobre un espacio irregular, de montículos y veredas descuidadas. Quizás los moradores que allí gozan de más éxito sean Chopin, Édith Piaf y Jim Morrison, pero merece la pena detenerse delante de la tumba humilde, semiescondida entre mausoleos, de Modigliani, o la más visible de Ionesco. 
El de Montparnasse también cuenta con inquilinos de nombradía, como el par Sartre-Beauvoir, Baudelaire, César Vallejo, Margarite Duras y el siempre venerado Cortázar (enterrado con su esposa, Carol Dunlop), culpable de que muchos de nosotros veamos rincones de París con los ojos de Horacio Oliveira y la Maga. Y pronto contará con Carlos Fuentes, que tal vez anduvo hace tiempo por entre estas tumbas, como yo en estos días de mayo. 
Uno sale de estos camposantos sombreados por cipreses, arces y sauces con la impresión de que responden a un diseño más o menos estandarizado. Sin embargo, el de Montmartre es un cementerio anómalo, como corresponde a un barrio tan poco ajustado a normas. La rue de Caulaincourt, elevada sobre una estructura de hierro "eiffeliana", cruza una parte. Debajo de esa línea de asfalto se arracima un buen número de mausoleos, condenados a sombra perpetua y al estrépito constante de los vehículos. Más reducido que los otros y encajado entre viviendas, es por ello el más abigarrado. Stendhal, Truffaut, Edgar Degas, Offenbachy y Alfonsine Plessis, la "Dama de las Camelias", flor cortada con solo 23 años, son algunos de sus reclamos.  
Buscando graznar en el silencio, los cuervos de París van de uno a otro de estos cementerios según soplen las ganas. Cuando se cansan de tanto reposo, se marchan a los jardines del Campo de Marte y se ufanan delante de los turistas de volar más alto que la Torre Eiffel. Desde allí arriba los cementerios parecen cosa de otro mundo. 

(1: Cuervo en Montmartre; 2: Modigliani en Père-Lachaise; 3. Cortázar en Montparsasse; 4. Estatua de un sepulcro en Père-Lachaise; 5. Mausoleos enen Père-Lachaise. Fuente: Silenos)

6 comentarios:

Alexia dijo...

He ido varias veces a París y aunque quise ir al cementerio del Père Lachaise nunca he tenido la ocasión, para mi próxima estancia no lo dudaré. ¡Qué disfrutes de tu estancia!

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

La próxima vez busca un hueco. Merece la pena. Espero que todo vaya bien en este final de curso. Gracias por tus palabras.

Anne-Hélène Quéméneur dijo...

Buenas noches Antonio, no sabía que mi autor preferido(Baudelaire) era como bien dices "inquilino" de uno de estos tres cementerios... ¡ disfruta de esta ciudad maravillosa! Un saludo desde Cádiz.
Anne-Hélène.

Anne-Hélène Quéméneur dijo...

Buenas noches Antonio, no sabía que mi autor preferido(Baudelaire) era como bien dices "inquilino" de uno de estos tres cementerios... ¡ disfruta de esta ciudad maravillosa! Un saludo desde Cádiz.
Anne-Hélène.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Pues sí, Anne-Hélène. La lápida tiene, además de su nombre e indicación de la fecha de muerte (31 de agosto de 1867), los de su padrastro, Jacques Aupick, y su madre, Caroline Archenbaut Defayes. El día que yo la visité tenía flores frescas. Un abrazo.

José Manuel Serrano Cueto dijo...

Estupendo post. Hay dos sitios que suelo visitar en mis viajes: los cementerios y los mercados.