martes, 27 de marzo de 2012

Cuestiones lapidarias (1): "El Junco"

Todas las ciudades se afanan por exhibir la nombradía de sus hijos ilustres. En las capitales de provincia, y más aún en las que disponen de ateneos literarios, culturales y científicos, dicha exhibición se canaliza en una notable afición a rotular las fachadas con nombres y gestas sobre fondo lapidario. En Cádiz, ciudad antigua y pródiga en la mostración de sus propios méritos, abundan, en una curiosa mezcolanza, la memoria de numerosos próceres del XVIII, navegantes y aventureros ultramar, literatos y músicos, cantaores flamencos y bailaoras descendientes de las puellae Gaditanae que hacían las delicias en Roma en tiempos de los Balbo. Trabajo para artesanos del mármol y la cerámica. Pero he aquí que dicho soporte, además de exigir buena caligrafía y una acertada distribución de las letras, requiere que el texto esté exento de errores ortográficos, erratas y otras anomalías, so pena de que estos pervivan junto con las gestas o acontecimientos invocados. Así sucedió en esta placa dedicada a un espigado bailaor, que resultó ser también coregrafo.

(Placa en la calle Suárez de Salazar. Cádiz. Fuente: Silenos)

2 comentarios:

Ula dijo...

Uno entiende porque quiere entender pero parece ser que las nuevas generaciones -salvando lo que haya que salvar- entienden sin necesidad de gramática, creando nuevos códigos con el uso de móviles, ordenadores, sms... y el desuso de la lectura impresa (Internet tiene muchos errores, tan grande es la red)
Me avergüenza como andaluza y porque gente importante hasta creyó que la Atlántida estaba por ahí, tal vez cerca de la placa commemorativa.
Saludos

Irene.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Estimada Irene, este tipo de errores en las placas no es exclusivo de Andalucía. En todo caso depende del conocimiento de la lengua que tenga el artesano, viva donde viva, y de la negligencia de quienes encargan la placa, que suponemos que detentan el error y miran para otro lado. En cuanto a la fábula platónica de la Atlántida, te asombraría saber cuánta gente en distintos países y durante siglos han creído que realmente existió. Un saludo.