domingo, 11 de marzo de 2012

Cuando las islas emergen

Entre los versos de la Eneida que a menudo me vienen a la memoria están aquellos del libro II en los que se da cuenta de la ubicación de Ténedos, isla del Egeo visible desde las costas de Troya:

Está a la vista Ténedos, isla de de notabilísima
fama y rica en recursos mientras el reino de Príamo perduraba.
Ahora solo bahía y refugio poco fiable de naves.

En el año 2005, de viaje por Creta, me detuve a contemplar desde la sinuosa carretera del norte esa otra isla mítica que se divisa enfrente, Día, donde algunos autores antiguos situaban el abandono de Ariadna por el pérfido Teseo. La isla asomaba su inmensa giba en medio de la bruma marina.
.....Entre las lecturas que alterno estos días figuran Por último, el cuervo, los cuentos rurales en tiempos de guerra de Italo Calvino, y
Le Horla y Contes du jour et de la nuit, un volumen de cuentos de Maupassant que leo en edición de Gallimard para refrescar mi francés. Uno mezcla lecturas breves por el placer de la alternancia y porque el cuerpo exige tal o cual texto en función de alguna reacción química ignota. Pero a veces acontece una confluencia extraña, una suerte de maridaje sobrevenido sin más explicación que el capricho del azar. El cuento "Hombre en tierras yermas" de Calvino comienza con la visión de Córcega desde las costas de Italia, mole solo visible en las mañanas claras y valorada así por el narrador: "Córcega es una tierra pobre, más pobre que la nuestra, nadie ha ido nunca y nadie ha pensado nunca en ir". Apenas veinticuatro horas después, leía "Le bonheur" de Maupassant, relato de un amor fugitivo desterrado en la misma Córcega, ahora vista desde la costa francesa "dans certaines conditions d'atmosphère exceptionnelles", y descrita por el narrador como un lugar inhóspito, varado en un tiempo rudo y primitivo. Que Calvino conocía la obra de Maupassant es un hecho, como evidencia que lo recogiera en su antología Cuentos fantásticos del XIX, y es posible que esta visión costera de Córcega como un secarral se deba al autor francés. Y que Ténedos es un referente en el imaginario mítico de las islas inquietantes, tampoco ha de ponerse en duda. De vez en cuando, como me ha ocurrido en estos días, las islas emergen para recordarnos que siguen ahí, situadas en el límite entre dos mundos: el tangible y el otro, el que se nos escapa siempre porque se envuelve en la capa mágica de la neblina.

(Isla de Día vista desde Creta. Fuente: Silenos)

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