jueves, 23 de febrero de 2012

Suspicacias ante el microrrelato

He leído una reseña de mi último libro en el blog El Bibliófilo Enmascarado, en la que el autor, César, dice literalmente que no le acaban de agradar los microrrelatos, me parece como leer el prospecto de unas aspirinas. Al margen de que califica erróneamente Zona de incertidumbre como libro "de microrrelatos", cuando estos son los menos y hay muchos relatos que superan las cinco páginas, y dejando a un lado mis discrepancias sobre algunas valoraciones suyas, pues soy respetuoso con las opiniones ajenas, sin embargo no quiero pasar por alto un hecho que evidencian sus palabras: las suspicacias que siguen despertando los microrrelatos. Tampoco se expresó de modo diferente un conocido mío que examinaba Zona de incertidumbre en una librería. Antes de que pudiera decirle nada, me espetó: A mí no me van esas mariconadas de los microrrelatos. Debí de convencerlo de que ha de juzgarse después de leer y de que (una vez más) los microrrelatos alternan con relatos más extensos, ya que acabó comprando el libro. Hace algo más de un año, al reseñar en su blog Fuera pijamas, libro este sí todo de microrrelatos, Benítez Ariza escribía que estaba intentando encontrarle la gracia a un género hacia el que me siento más bien refractario. Hace poco menos de un mes el cartel del ayuntamiento de Puerto Real (Cádiz) que anunciaba la presentación del libro añadía "libro de microrrelatos". Afloran, pues, dos asuntos nada baladíes y estrechamente relacionados: el rechazo que genera (en buena medida a priori) el microrrelato en parte de los lectores y el asunto, discutido entre especialistas y escritores, de su extensión. Y si bien es cierto que no hay medida certera que pueda aplicársele, al menos convendremos, por negación, en que tres, cuatro o siete páginas ya no son microrrelato. En España tendemos a calibrarlo todo al peso, y la literatura no está al margen de este falso justiprecio. ¿Cuánta gente prefiere comprar un libro "gordito y que pese", sobre todo si es para regalo, antes que un volumen ligero que no alcance siquiera el centenar de páginas? Si a ello añadimos que nada hay más alejado de la gordura y el peso que un microrrelato (para algunos la antítesis de la novela, tan sobrevalorada), ya lo tenemos bajo sospecha. Sin duda muchos de estos mismos pesadores que practican el arte conjunto del ojeo y hojeo de un libro para hacerse una idea previa, al ver un microrrelato que pasa veloz ante su mirada, tilden el volumen completo por el relato volador, en una suerte de sinécdoque apriorística. Como si el microrrelato fagocitara, pese a adolecer de falta de corpulencia, el resto del libro. Siguen apareciendo libros de microrrelatos, antologías y análisis críticos rigurosos, y parece que se va caminando cada vez más sobre tierra firme. Mas aún queda camino por desbrozar entre el menosprecio y la ignorancia. Lograr que del prejuicio se pase a la lectura es tarea ardua. Conseguir la reconciliación con el género, como afirmaba Benítez Ariza al final de la citada reseña, se me antoja hoy un esfuerzo titánico.

11 comentarios:

Luisa Hurtado González dijo...

Efectivamente el género parece menor y... el tamaño no ayuda. Es curioso porque, en mi opinión, si hay un libro que se ha de leer despacio es el de microrrelatos, porque cada página, cada pocas líneas, hay una historia o en ocasiones una profundidad que necesita tiempo y "aire".
Es, como dices, dificil de comprender porque lo que entra por los ojos es justo otra cosa.
Un beso, Luisa

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Lo has expresado muy bien, Luisa: lo que entra por los ojos es otra cosa. Un beso también para ti.

Al-Juarismi dijo...

A veces el purismo es una barricada para defenderse de lo que no nos gusta. Me parece una discusión bizantina y estéril. La calidad de un texto no tiene nada que ver con su tamaño y la discusión legítima sobre qué sea cada cosa y la definición del género no puede estar por encima de la esencia del texto de que se habla. Lo bueno si breve, dos veces bueno.

Pedro Sánchez Negreira dijo...

No puedo estar más de acuerdo contigo, Antonio.

Lamentablemente cuesta enganchar a los no iniciados en el género, toda vez que, en esta España nuestra, adolecemos de falta de cariño hacia el relato corto en general y el micro en particular. Como apuntas, la apetencia por la lectura parece medirse por el número de páginas y la longitud de las tramas, aunque estas sean pobres.

En la liga de nuestro mercado literario, la microficción ha de pelear por la permanencia en cada lectura. Tenemos vitola de equipo de segunda.

Ahora bien, nos favorecen los tiempos que vivimos. El desarrollo de las tecnologías, el acceso a la literatura que se vuelca en los blogs, la posibilidad de leer hasta en los teléfonos. Apuesto por el acercamiento de las nuevas generaciones de lectores para los que la microficción sea un género más y no una voutade de unos pocos excéntricos.

Ahora sólo nos falta que la industria editorial apueste por ello; algunos -aunque pocos- lo están haciendo. Que los libreros crean en las posibilidades de venta; aunque esto cueste más porque cada día hay menos libreros de los de verdad y de los que hay pocos lean microrrelatos.

Por último, para solucionar el problema del tamaño y el peso, a la hora de regalar, más de una vez he regalado Cazadores de letras de la Sra. Shua. Es gracioso ver la reacción en sus caras cuando le echan un vistazo a las páginas.

Un saludo,

Víctor dijo...

Si menospreciamos el microrrelato por su extensión, nos tenemos que cargar la mayor parte de la poesía, que tampoco suele pasar de la página. Y todos los aforismos, greguerías y demás brevedades. O sea, que quizás no sea ese el mejor criterio.

Y mucha razón en eso del libro gordito y que pese. Y si es para regalar (te lo digo yo que he estado un puñado de Sant Jordis al pie del cañón) de tapa dura, por favor. Que si no es cartoné parece que el libro pierde calidad literaria.

¿Qué habrá hecho el pobre microrrelato para merecer un trato así? ¿Por qué se le ataca tanto? Sí, es un género en auge, y los microrrelatos proliferan como hongos por todos lados. Y sí, claro, escribiéndose tantos es lógico que se escriban muchos de males o de poca calidad. O incluso que no puedan considerarse microrrelatos. Pero lo mismo ocurre con la novela o con la poesía (¿acaso todo lo que se publica es bueno?) y no nos quejamos tanto...

Jesus Esnaola dijo...

Desde luego es evidente que cada uno tiene sus gustos y no hay ningún reproche respecto a eso, sólo faltaba. Pero el argumento banal que lleva a desechar un escrito por su número de páginas (o de palabras casi en el caso del microrrelato)es de tal simpleza intelectual que sorprende.
Por otro lado el microrrelato es mucho más exigente para el lector, (en general, como género) que los demás géneros narrativos, acercándose en este sentido a su prima en verso, la poesía. No quiero decir que no haya cuentos o novelas exigentes, desde luego, pero en el caso del microrrelato es algo característico. Es exigente por la necesidad de participación del lector, es exigente porque un libro con cien microrrelatos ha de encontrar un lector dispuesto a entrar y salir en cien historias, es exigente para el escritur porque la precisión es imprescindible, una sola coma mal colocada puede dar al traste con todo. Esto no le gusta a todo el mundo, muchos prefieren sumergirse y dejarse llevar por el sueño de la ficción que decía Gardner. También yo lo prefiero a veces que lo uno no excluye lo otro.
¿Os imagináis que alguien dijera, por citar una de las conocidas ahora, "qué gran novela es Libertad de Franzen; es tan larga!

En cuanto a la reseña en concreto no voy a entrar porque, con franqueza, no sé si he entendido algo. No sé si le ha gustado el libro o no. Casi te diría que ni estoy seguro de que lo haya leído. Bueno, no digo nada que era el propósito inicial.

Abrazos, Antonio

PD. No hace mucho, el mismo Miguel Ángel Muñoz en "El síndrome Chejov" al hilo de una reseña de "Calle Aristóteles" de Jesús Ortega, hacía una distinción entre cuentos breves, de tres o cuatro páginas y cuentos más largos, a partir de diez páginas, y decía que Ortega se movía mejor en las distancias más largas, al menos los más largos eran sus favoritos del libro, pero no tenía ningún reparo en generalizar su reflexión y ampliarla a que los cuentos de tres o cuatro páginas que están tan de moda no tienen recorrido para componer una obra interesante. No quiero imaginar lo que opinará del microrrelato. Disculpa que no adjunte el enlace pero desde el móvil bastante esfuerzo me ha llevado escribir el comentario. Si alguien tiene interés, cuando llegue a casa esta noche, lo cuelgo.

El japón de los libros dijo...

Estimado Antonio. Por desgracia, hay mucha gente que no sabe vivir sin ponerle una etiqueta a todo. Es su única manera de entender la realidad, y por extensión la literatura.
Cuando me enfrento a un texto lo único que me importa es que sea buena literatura.
Creo que menospreciar un género por su extensión es, si me lo permites, una catetada. Hay lectores que necesitan prestigiarse a si mismos con novelones de moda con los que se pueden quedar dormidos durante dos capítulos sin haberse perdido nada.
Como aquí se ha dicho, el microrelato y el cuento requiere un buen lector atento y apasionado.
Saludos y disculpa la parrafada.

manuespada dijo...

Hace poco me dijeron: "cuando vas a escribir algo serio?" pregunté que a qué se refería, y me dijo: "pues una novela, un libro como los de Kentucky Follet". y entendí que se refería a Literatura comercial, y no algo que le hiciera pensar, porque añadió: "es que metes algo, esto es muy complicado, no hay quien entienda tus paranoias". El microrrelato es muy exigente porque requiere muchas veces de conocimientos intertextuales y de la aportación del mismo lector. También está el escritor que asegura que una distancia tan corta no permite desarrollar bien una trama o pensamiento, pero cada género tiene sus peculiaridades. La poesía ha de ser interpretada, el ensayo te lo cuenta todo. Yo escribo relatos largos y microrrelatos, y en realidad, hasta el boom de el género, nunca había diferenciado, siempre lis había llamado a todos seis textos de la misma forma: relatos.

manuespada dijo...

Por cierto, muchos escritores de relatos siempre se han quejado de que las editoriales y los novelistas les han mirado como un género menor, y han defendido las excelencias del cuento, y ahora, pata mi sorpresa, ellos hacen lo mismo con el microrrelato, estableciendo un sistema clasista literario.

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Gracias, amigos, por vuestros comentarios, que ayudan en la batalla por la dignificación del microrrelato. Aquí podríamos recordar la célebre frase atribuida a Don Quijote, pero que, al parecer, puso en circulación Rubén Darío: "Ladran, luego cabalgamos".

Luisa Hurtado González dijo...

Y vamos a seguir cabalgando, pese a quien le pese. (Esto es un decisión personal, evidentemente, o una actitud)
Un saludo, Luisa