lunes, 31 de octubre de 2011

El ojo del puente

El agua fluye muy deprisa si se la mira desde encima, pero demora su rodar sobre el lecho del fondo si la contemplamos con el ojo del puente. Porque el ojo es centro, lugar equidistante de las orillas, y se permite la licencia del arrobo, la indagación del misterio anegado. Tiene algo de Atlas, pues, si se fija uno bien, el ojo es hueco sostenedor de espacios comunicantes y sobre éstos descansa la bóveda celeste. Por eso en su seno el menesteroso se siente titán. El ojo del puente no se cierra nunca; ni siquiera parpadea. También de cíclope es su naturaleza.

(Imagen: Pont de la Concorde. París. Fuente: Silenos)

jueves, 27 de octubre de 2011

Stanislaw Lem y el lector inexistente

Empiezo la lectura de Doskonala Próznia de Stanislaw Lem, pero, dado mi nulo conocimiento del polaco, lo hago por la puerta falsa: en la traducción de Jadwiga Maurizio para la editorial Impedimenta (con introducción de Andrés Ibáñez): Vacío perfecto. Biblioteca del Siglo XXI. Me he topado con él por casualidad en mi biblioteca, en la sección de "En cola", esa suerte de andén en el que no todos esperan con el mismo ánimo paciente. Después de leer la crítica de Lem al Vacío perfecto de Lem, levantado a su vez sobre un edificio bibliográfico inexistente, y con la lectura reciente de La velocidad literaria, de Nieves Vázquez, me pregunto si esa biblioteca universal que nunca ha existido no tendrá efectos secundarios en el pobre lector, cada vez menos seguro de pisar el suelo de la existencia. Porque si inquietantes son los espectros, sombras de algo que fue, más lo son los nonnatos, cuyos mínimos perfiles no alcanzamos a imaginar. Lo tangible nos empuja contra la tierra y es gravedad que a menudo necesitamos. El libro de Lem, me temo nada más empezarlo, ha de llevarme a la desintegración como lector, dado que la ficción sólo sabe tratar con iguales. Y tal vez esto que escribo hoy sea lo último que escribo antes de convertirme en el lector inexistente, corifeo a la vez de un baile virtual que nunca ha existido.

sábado, 22 de octubre de 2011

Mi próximo libro de relatos



Queridos amigos, ya se está imprimiendo. En breve estará en las librerías.


viernes, 21 de octubre de 2011

Nieves Vázquez y la fórmula de la eficacia literaria

A Nieves Vázquez Recio, Profesora Titular de Filología Hispánica en la Universidad de Cádiz y buena amiga, se le ocurrió un buen día enviar un libro de cuentos al XXI Premio Tiflos. Antes lo había registrado en el Registro de la Propiedad Intelectual, donde le advirtieron de que "todos los señores" que aparecen en el libro firmando relatos debían dar su consentimiento. Ahí descubrió Nieves que la ficción de su libro se había hecho carne, porque los susodichos autores son todos inventados, en una suerte de homenaje coral que se hace al profesor Alexander Evgénievich Vinográdov. Este Evgénievich, injustamente olvidado por su alergia al academicismo, tiene el mérito de haber descubierto la fórmula que sirve para medir la eficacia literaria, esto es: el resultado de nº de acciones dividido por el nº de páginas. Con este original planteamiento, Nieves ganó el Tiflos y el libro ha salido publicado en Castalia. Yo tuve la suerte de leerlo en verano y disfrute mucho. Los nueve primeros relatos son las aportaciones escritas con que diferentes autores homenajean a Evgénievich, y cuyos nombres y bibliografía son buena muestra del humor y la ironía de Nieves. Así, por ejemplo, Cora Mac es autora de La hecatombre de cien bueyes o el arte de redundar, Harriet Mur escribió El verso enconado, un catálogo de poemas no escritos y Lunita Laredo publicó Pelofilia... El último relato lo firma el propio Evgénievich y ahí muestra su descubrimiento literario. El miércoles pasado Nieves presentó su libro en Cádiz, en compañía de su colega de aulas universitarias, José Jurado. Se habló allí mucho de creación literaria y del tributo que rinde este libro a la literatura y a los lectores. En efecto, por sus páginas desfilan las sombras de Cortázar, Borges, Joyce, Lovecraft, Poe, Keats, Tolkien, Dante, Cervantes, Galdós, Balzac, Baudelaire... E incluso Walter Benjamin, al que Nieves dedica todo un relato. La velocidad literaria es esto y mucho más, y con ella Nieves Vázquez da un salto cualitativo en el camino literario que emprendió hace ya unos años. Porque este libro, que todo amante de la literatura debe leer, ha alcanzado, por ese misterio de la ficción, la eficacia literaria cuya fórmula matemática dice haber inventado su personaje principal.

domingo, 16 de octubre de 2011

Amistad y pintura en Benaocaz

Pasamos el fin de semana en Benaocaz, con J. M. Benítez Ariza y Mª. Ángeles, que nos acogen (a Carmen, Lourdes, Ángel y a mí) en su rincón serrano. Entre otras actividades, nuestros anfitriones nos proponen visitar el estudio de tres amigos pintores, todos ubriqueños: José Antonio Martel Guerrero, Antonio Rodríguez Agüera y José Luis Mancilla Angulo. Nos sorprende primero su hospitalidad, pues nos abren las puertas de su taller y nos explican, con admirable pasión, su trabajo cotidiano: las técnicas que emplean, los motivos que los seducen, la búsqueda de un acabado que devuelva a sus ojos la imagen que sus ojos atraparon. Y observamos no sólo que sus dibujos, paisajes y retratos son de gran calidad, sino también que en sus palabras no aflora la queja de la incomprensión tan habitual en muchos artistas. Todo lo contrario: entienden la tarea de pintar como una satisfaccion en sí misma, sin que haya de ser refrendada por la recepción pública y el encomio. Agüera, el más veterano de los tres, nos dice: "Hay que pasar todos los días un rato delante del caballete". Esa entrega lo justifica todo. Y, no obstante, tienen razones para quejarse de nuestro desconocimiento y abandono. Porque Ubrique, ese mismo pueblo que brilla en el mapa por el culebrón de los Janeiro y la manufactura de la piel, se nos ha revelado como cuna de numerosos pintores, excelentes muchos de ellos, cuyo trabajo apenas tiene eco en la provincia y mucho menos en la capital, Cádiz, tan cateta en tantos aspectos. José Manuel y M. A. ya hace varios años que disfrutan de su amistad y su arte y, en un gesto de generosidad que les agradecemos, han querido compartir ambas cosas con nosotros. Justo es que yo haga lo mismo con mis lectores.

Más sobre los pintores ubriqueños AQUÍ.

(Varios cuadros de J. L. Mancilla)

viernes, 14 de octubre de 2011

La mendacidad de octubre

Octubre es mendaz, pues proclama en el calendario rigores que a veces descuida. Vamos hacia los idus de octubre, día en el que hay convocadas manifestaciones del movimiento nacido en otros idus, allá por marzo, y quizás eso sea lo más parecido a un síntoma del mes declinante, de soles bajos y hojas rastreras, en que estamos. Pues la expansión geográfica del descontento y su floja presencia a los largo de los meses, en una suerte de piano piano cercano a la indolencia, se me antoja otoñal. Ojalá me equivoque.

domingo, 9 de octubre de 2011

Un microrrelato (con dedicatoria)


EL SUICIDIO

Para Norberto Luis Romero

.....La causa de la muerte de Rogelio Pastrana fue el suicidio, mas no porque él hubiera resuelto, en plena cuarentena, poner fin a su existencia, sino porque vino a caerle encima un suicida. Nada extraño en aquel barrio de extramuros, donde cada cierto tiempo la desesperación, no pocas veces instilada en el veneno de la droga, empujaba un cuerpo al vacío.
Rogelio había oído hablar de los suicidios de altura en los relatos de su madre, pero aquellas historias de perdedores no iban con él, que había logrado salir de allí, hacer carrera universitaria y vivir con holgura en un apartamento del centro aromado por jazmines.
.....
En los días festivos Rogelio solía almorzar en casa de sus padres y, entrada la sobremesa, bajaba a comprar pasteles para la merienda. Aquel día, 1 de noviembre, era costumbre desde su infancia elegir coloridos huesos de santos.
.....
Hacía calor, pese a la madurez del otoño, y una brisa racheada permitía barruntar levante antes de que acabara la jornada. Salió Rogelio a la calle y, al girar la esquina, se detuvo a contemplar el cartel de un comercio recién inaugurado. El suicida ya había dado el salto desde el noveno, dos pisos por encima de la casa natal de Rogelio.
.....
Ningún testigo a aquella hora asomado en las ventanas o las terrazas, ni transeúnte alguno en la calle desierta. Nadie pudo ver al suicida frustrado ponerse en pie, incrédulo, y correr a ocultar su bochorno. La policía cubrió el cuerpo estrellado de Rogelio, se dio aviso al juez, que ordenó con hastío el levantamiento del cadáver, y el vecindario supo por sus padres que no podía haber sido desde su casa en el séptimo piso porque Rogelio había cerrado la puerta detrás de sus pasos para ir a comprar pasteles. Tal vez subió a la azotea. Quién lo diría. Cómo se guardaba su pena.
.....
A Rogelio se le negó la tierra santa por suicida y dos meses más tarde, en mitad de un temporal de levante, vino a compartir su fosa profana el suicida vecino, que al fin había acertado de pleno.

viernes, 7 de octubre de 2011

Félix Romeo, ya en la memoria





Otro escritor (y muchas cosas más) que se marcha.


(Fotografía tomada de Antiguo blog de Zaragózame)

Nace una editorial en Cádiz

El nacimiento de una librería o una editorial ha de ser celebrado siempre por quienes vivimos entre libros. Más aún en este desfiladero empresarial en el que se ha convertido la crisis. Y más aún si la ciudad que acoge el parto es pequeña, provinciana, isleña y, además, la propia. En Cádiz, ciudad que se empina y busca el cielo a través de más de un centenar de torres miradores, antiguas atalayas para controlar el tráfico marítimo ultramar, nació en primavera Bablé Ediciones, un proyecto dirigido por el periodista Jesús Bablé pensado inicialmente para publicar libros turísticos y comerciales, pero que, apenas cinco meses después, se abre como flor otoñal a la literatura. Para ello se ha sumado a la empresa el poeta José A. Bablé, hermano del editor, que ya dirige la colección "Torre Mirador", creada para albergar obras (prosa y verso) de escritores gaditanos. La apuesta cultural ha echado a andar con un poemario, Domus Viridis, de la poeta Patrizia Marruffi. Es este libro, editado con primor e ilustrado por Patricio Carretié, un jardín doméstico de plantas mimadas por la mano de Marruffi, donde poesía y botánica se abrazan naturalmente, como la hiedra a un muro, en cuatro apartados que delimitan el hábitat: "Media sombra", "Luz parcial", "Luz directa" y "El jardín". Ayer tarde asistimos a la presentación del libro, encomendada a la también escritora Mª. Ángeles Robles Morales. Ya está en pie la primera "torre mirador" de los Bablé, un edificio más con el que esta familia enriquece desde hace años el patrimonio cultural de Cádiz. ¡Enhorabuena y mucha suerte!




Os dejo un poema del libro:


PETROSELINUM CRISPUM

Podría participar en todo aliño
-lustrosas hojas en tres gajos dentados partidas,
y nervudos, angulosos, ramificados tallos-.
Se cuentan de mar y de monte, el oreoselino.
Se afirma de adorno o compostura excesiva.
Y honra a San Pancracio... el discreto perejil.



(Fotografía: Jesús Bablé, Patricia Marruffi y Mª. Ángeles Robles)

jueves, 6 de octubre de 2011

Si hay que escribir, se escribe, pero escribir por escribir...

Vivir de lo que uno escribe tiene sus servidumbres, como las tiene la política para el político "profesional", ese que, ayuno de oficio (aunque no de beneficios), se devana los sesos para mantenerse porque en ello le va el puchero. Si ya tener un trabajo es tener un tesoro en estos tiempos, escribir con ese respaldo es una bendición. Porque así podemos sentarnos a escribir cuando las palabras se agolpan y solicitan salir al campo de batalla, no cuando acucia la necesidad. No sé la vuestra, pero mi escritura tiene algo de cambio climático: tan pronto llueve en tromba, como asfixia el calor extremo. Y entiendo que esos períodos de abundancia o carencia se corresponden con los niveles de presión verbal. He aprendido a no escribir cuando no siento la picazón, y a hacerlo justo cuando el prurito empieza a manifestarse. Por eso me cuesta entender a los escritores que siguen a rajatabla una disciplina, que muchos justifican, por ejemplo, por el largo aliento que requiere una novela. Y aquí me pregunto si esa férrea aplicación la impone el material de investigación que es sustrato de muchas novelas. Si es así, lo comprendo, pero ¿y el flujo literario, ese que hace que dos palabras bien juntadas no sean lo mismo que juntar palabras? Ya sé que una novela son más cosas: una historia, personajes bien perfilados, una trama... en definitiva, un edificio que se levanta sobre un andamiaje complejo. Sin embargo, cuando falla el lenguaje literario, en dicho edificio se abren grietas y con las primeras lluvias ya se observan los destrozos. En estos días leo La vieja sirena, de José Luis Sampedro, después de haber dejado por aburrida la novela de Isaac Rosa, El vano ayer. Con Sampedro hay un gozo estético; con Rosa, no. Cuestión de gustos, lo sé, pues no todo el mundo busca lo mismo en la lectura. Quizás por eso cuando me preguntan (a mí también, Rosana) cuándo escribiré una novela, suelo responder con la frase que titula esta entrada, parodia de un célebre gag de Cruz y Raya: "Si hay que escribir, se escribe, pero escribir por escribir..."

(San Miguel en plena acción. Esquina de un edificio
en la calle homónima. Cádiz. Fuente: Silenos
)

sábado, 1 de octubre de 2011

El delito de escribir un microrrelato


Siendo yo estudiante de Filología Clásica en la Universidad de Sevilla, me preguntó un familiar lejano qué cosa estaba estudiando. Temiendo que lo de "filología" solo le sonara al afilador de cuchillos y que el adjetivo "clásica" ni siquiera le sonara a música, le respondí: "latín y griego". Se quedó pensativo un instante y añadió: ¿Y para qué estudias una cosa que se habla tan lejos? Algo parecido sucede cuando se te acerca un conocido alérgico a la literatura y le dices que, de vez en cuando, escribes microrrelatos. ¿Microqué...? No censuro tal desconocimiento en el profano; lo que sí es un despropósito es que el amigo, conocido o colega ducho en letras te espete: "¿Microrrelatos? ¡Ah! Es una forma de perder el tiempo como cualquier otra." Mas a este mismo interlocutor no se le ocurriría pensar que escribir novelas es una forma de perder el tiempo como cualquier otra. Ya lo he dicho algunas veces: en la brevedad del microrrelato está su cruz. Quienes escribimos microrrelatos somos unos escritores vagos, que nos dedicamos a esos "primorcicos" porque somos incapaces de emprender aventuras literarias de más calado y peso. Curiosamente no he tenido esta impresión cuando mi respuesta a la pregunta de qué escribo ha sido "poesía". Ahí la gente suele guardar silencio, quizás respetuoso, no sé, como cuando el sacristán de Divinas palabras soltó la frase final en latín y los vecinos enmudecieron y cesaron en el acoso a la despendolada Mari-Gaila. Pese a que hay estudiosos, como Valls, Lagmanovich, Noguerol y Andres-Suárez que insisten en que grandes de la literatura como Kafka, Cortázar, Borges, Juan Ramón Jiménez, José María Merino, Mateo Díez... han escrito microrrelatos, ello no conlleva ni mucho menos un marchamo de prestigio para esta forma narrativa breve. Lo contrario le ocurrió al género paremiológico: fue tenido por "cosa baxa", impropia del buen cultivador de la literatura, hasta que Erasmo de Rotterdam publicó sus Adagios y dio timbre de nobleza a toda forma paremiológica. La autoridad del "Príncipe de los humanistas" fue determinante. Las cosas han cambiado mucho. Quizás hoy tendría que salir a escena un Pérez Reverte o una Rowling afirmando que escribe microrrelatos para que se disipara la sombra de sospecha que recae sobre nosotros.